lunes, 11 de marzo de 2013

La primera visita

-Famiglia di Alejandra?- dijo la enfermera nada mas salir de la habitación.
La voz de la enfermera italiana resonó a lo largo de todo el pasillo. A través de las ventanas se plantaba una luna llena que acechaba en la madrugada. Una madrugada que Alberto sentía en un asiento con la mente ida. El chico reaccionó al llegar la enfermera hasta él. Asintió con la cabeza y emprendió su lento caminar hasta la habitación de Alejandra.
El silencio de la sala se veía entrecortado por unos pitidos de la máquina que hacía respirar a Alejandra. Su cama se encontraba en el centro de la habitación. Sus ojos cerrados no hacían presagiar nada bueno a Alberto, que caminaba lentamente. Al llegar hasta su chica, cogió su mano y acarició levemente su pelo sin tocar la herida que tenía en la frente. Alberto acercó su cabeza y le dio un beso en lo alto de su cabeza mientras una lágrima caía sobre su boca:
-Recuerdo el día que te conocí. Mi madre nos había dejado a mi padre y a mí pero tu llegada al colegio me hizo renacer. Me sentía muy solo y pensé que no saldría del abismo- dijo Alberto mientras se retiraba de la cama y se dirigía a un gran ventanal.
La luna alumbraba el paisaje que se presentaba ante él. La torre del duomo presidia en lo alto mientras los coches correteaban sin parar debajo de sus pies:
-Pero, ¿sabes qué?- preguntó en alto mirando al horizonte- Tu sonrisa me salvó la vida. Cada día me regalabas una sonrisa o una mirada que atravesaba mi corazón. Y lo que más me gusta es que hasta el día de hoy, sigues atravesándome el corazón y haciéndome sonreír como el primer día.
Alberto se giró y volvió a dirigirse hacia la cama de Alejandra:
-Y ahora te veo yacer aquí mientras la inconsciencia te envuelve sin saber cuando te veré despertar- dijo limpiándose las lágrimas- Por eso te pido una cosa: por favor, no me dejes caer de nuevo. Por favor, vuelve a atravesarme el corazón.
Varios golpes sonaron en la puerta...