miércoles, 23 de octubre de 2013

La primera vez que escuchó música. Primera parte

Era un campesino jubilado que vivía con su amada esposa en una pequeña granja con una gran estepa a sus pies. Su mujer respondía al nombre de Estela y pasaba todo el día postrada a una cama que antaño portó a su madre. Una enfermedad terrorífica visitó a Estela hace años y la llevó a un calvario que hasta ese día, aun le acompañaba.

Cierto día, el viejo campesino salió al atardecer con su gran amigo canino Bero. La tristeza pesaba en el lento caminar del que un día fue abuelo. Y es que sus hijos y sus nietos murieron en un incendio que arrasó su casa. Solo Estela y él lograron sobrevivir y desde entonces su amada cayó rendida a los pies de la enferma muerte. Las páginas de su libro comenzaban a escasear, su último capítulo estaba a punto de acabar. Habían sido decenas de semanas en las que colas de doctores rodeaban su casa para poder averiguar el mal de Estela. Todos coincidieron en lo mismo: ella moriría pronto. Solo le quedaba dos días de vida. Pero Estela lo ignoraba, dada la vergüenza que sentía su marido de que sus lágrimas cayeran arrojadas sobre la boca de la anciana.

Al final del camino, el campesino quería encontrar las fuerzas necesarias para poder, al menos, mirar el rostro de su bello amor. Pero solo pudo encontrar una roca de gran tamaño que le permitió sentarse ante un inmenso atardecer. El Sol pintaba el cielo apasionado mientras bandadas de pájaros apremiaban en busca de un refugio que le aguardara de la luz de la luna. Los lobos acechaban una vez la estrella madre ponía punto final al día. Sin embargo, a aquel anciano, que quedó embobado al ver como la mar bailaba ante sus ojos, poco le importaba ya las fieras que pudieran rondar. Pero alguien cortó el silencio:

            -Ven conmigo- dijo aquella voz triste.