viernes, 10 de enero de 2014

Sencillez

"Bésame en la noche más oscura". Es la última frase que he escuchado de camino a mi lugar de reflexión. No, no me lo ha dicho nadie. Simplemente ha sido una voz la que me la ha cantado a mis oídos. Cosas de la música...

Mientras escribo estas líneas, escucho a lo lejos pequeñas voces de alegría de un niño de no más de dos años y de su abuelo. Ambos están jugando con un balón de fútbol pasándoselo por el suelo. Es un juego muy sencillo, la verdad. Solo tienes que tener la suficiente fuerza  en los pies para desplazar el balón. Teniendo en cuenta la risa del niño, creo que están disfrutando mucho. Es una situación muy habitual pero hay algo más que pocos perciben aunque la mirada del abuelo le delata. Es la riqueza de ese momento. Para el niño no existe nada a su alrededor, solo una pelota y la misión de pasarlo mejor que cualquier jugador de fútbol del mundo. En cambio, el abuelo, curtido en grandes hazañas de su vida, queda absorto con la sonrisa del pequeño. Probablemente, su nieto sea su fuente de mayor felicidad.

La razón de por qué describo esa entrañable imagen es fruto de lo que mis ojos ven si alzo la cabeza. Ante mi, una autovía llena de hormigas motoras que vienen y van de la gran ciudad, casi sin descanso. Aunque más que hormigas parecen abejas, dado el zumbido de sus motores a lo lejos. Quizá muchas de esas hormigas estén siguiendo una rutina...Amanece, cogen sus materiales de trabajo, van a su trabajo, comen, atardece, vuelven a casa y duermen. Día siguiente, amanece, cogen sus materiales de trabajo...Repetir, repetir y repetir. Algunos de ellos parecen robots...

Hay quienes se encierran en un mundo laboral constante, una rutina de no parar. Están tan inmersos y agobiados por sus tareas, que olvidan el placer de vivir. Se sienten extraños cuando dejan lo artificial para entrar en lo natural.

Eso mismo he sentido hoy. Mi ruta de siempre, mi mirador natural de siempre, la ciudad de siempre a mis pies...

Pero algo faltaba. Las ganas de disfrutar de lo que me acariciaba habían sido olvidadas en la mesa de estudio. Había olvidado lo que era sentir el viento en mi cara, lo que era oler la naturaleza, lo que era el esfuerzo de subir por cuestas de gran pronunciación. Semanas tras semanas pensando en un reto,un reto que me propuse 400 días atrás. Un reto que me dejó encadenado a la silla de mi habitación. Pero a fin de cuentas, un reto que salió mal.

¿Qué se hace en este caso? La verdad es que no lo sé muy bien del todo. Lo que si que he hecho ha sido abrir los ojos. Hay personas que han estado conmigo en todo momento que me han apoyado y a la que poco he agradecido. Son personas que te hacen la vida más sencilla pero que, como en el juego del balón, en su sencillez está la felicidad, la alegría.

Cometí el error de dar tanta importancia a un examen. Qué fácil es escribirlo: "e-x-a m-e-n". Un examen es simplemente un examen. Nada más. Obviamente, hay que esforzarse en estudiar, eso está claro pero creo que superé un límite que lo empeoró. Se creó una bola difícil de deshinchar. Pero las personas y la naturaleza no son "nada mas". Son todo, simplemente lo son todo para mi y lo he olvidado al hacer ese "examen". He olvidado la sonrisa de ese abuelo que disfrutaba de las peripecias de su pequeño nieto. Había olvidado una sonrisa, la cual deseo no esperar toda una vida para conseguirla.