Deja de mirarte, sé lo que sientes. Cálmate, ya lo tienes en tus
manos. Salta, por favor. Dilo, dímelo una y otra vez al oído, sin pensar en
algo que nos olvide de dónde venimos, a dónde vamos, sin más. Soñar, vivir,
querer, amar, desear, sonreír. ¿Hay algo mejor? Sonreír hasta que te duela la mandíbula,
que alegres a los demás. Ainhoa dijo una vez que me acompañaría. Ainhoa o
escritura, como quieras llamarlo...es lo que deseo ahora mismo. Ayúdame a
sonreír, por favor. Escribe más: un minuto, dos, tres, cuatro, cinco,
seis...Despiértame sin sobresaltos, sin miedos. Despiértame llamándome al oído,
sin que ni tú ni yo nos asustemos. Acaríciame con palabras, besos, dedos...lo
que desees. Cántame cuando todo vuelva a salir mal. Agárrame antes de caer al
vacío. Cógeme bien fuerte porque puede ser una larga caída, una dura caída.
Compréndeme sin miedo a hablar. Correr, correr sin parar, juntos. Si logro
adelantarme al caminar, cuídame. Lograré conservar mi fuerza si estás junto a mí.
domingo, 25 de enero de 2015
domingo, 11 de enero de 2015
Yo soñaba cada día...
Hoy no quiero escribir. Mi única necesidad de hoy es cerrar los ojos y escuchar el sonido de las joyas. Nada más.
sábado, 3 de enero de 2015
La pintora
A-¿Cómo era mamá?
B-Menuda pregunta me
haces, hija. Tu madre es la mujer más guapa, más inteligente y más cariñosa que
he conocido nunca.
A-¿En serio?
B-Así es. Era muy
cariñosa con todo el mundo pero sobre todas las cosas, con quién más transmitía cariño era contigo. Ella te quería mucho. Cuando estabas enferma, se quedaba a tu lado
mientras dormías en la cuna. Al amanecer, ella esperaba que abrieras los ojos para
que lo primero que vieras fuera su sonrisa y así te recuperaras lo más pronto
posible.
A-¡Qué pena que no
pudiera conocerla más!
B-Se fue muy rápido,
si.
A-Pero papá, cuéntame
más sobre ella. ¿Cómo os conocisteis?
B-En un parque cerca
de donde yo vivía con los abuelos. Yo estaba muy triste porque me habían echado
del trabajo, así que me quedaba sentado en un banco durante horas. Un día, tu
madre pasó montada en bici por ese mismo parque. Era una gran ciclista pero
aquel día se cayó al suelo ella sola. Fui rápidamente a socorrerla y la llevé
hasta el banco. Le curé una herida que tenía en la pierna. Pobrecilla...
A-Ahora entiendo
porque me gusta tanto montar en bici, papá.
B-Si, pero no solo
has heredado eso de tu madre...Bueno, te sigo contando. No necesité más días
para enamorarme de ella. Lo que me gustó de ella fue que no se quejaba del
dolor de la caída. Ella se quedaba sonriéndome con la boca bien abierta y me
miraba con unos ojos muy tiernos. Se me olvidó mi tristeza por un momento...hasta
que se marchó.
A-¿No le dijiste nada,
papá?
B-No pude. Se fue
deprisa pero me agradeció la ayuda con un beso que te prometo que aún siento en
mi mejilla.
A-Y entonces, ¿cómo
acabasteis siendo novios?
B- Muy fácil. La pobre
se cayó de nuevo junto a mi lado en el parque pero esa vez estaba todo
decidido: no iba a dejar escapar esa sonrisa bajo ningún concepto.
A-¡No me creo que
tengas ese lado tan sensible, papá!
B-Tu padre es un
diamante en bruto, hija mía.
A-Ya veo, ya. Y dime,
¿a dónde la llevaste en la primera cita?
B-Pues me guíe por lo
más lógico. La llevé a dar una vuelta en bici por toda la ciudad. Eso sí, iba
guapísima aunque fuera en bici. Le gustaba ir bien vestida fuera donde fuera.
A-Ahora entiendo mi
afición por la moda...
B-No es lo único que
heredaste de ella. Me estoy acordando de cuando yo llegaba a casa tras
trabajar, me encontraba a tu madre sentada en el sillón mientras te tomaba en
sus brazos. Ella te cantaba con una voz que ojalá hubieras tenido consciencia
de ella.
A-Ahora entiendo
porque disfruto cantando con mis amigas.
B-Si, ¿verdad? Pues no
es solo eso lo que has heredado de ella.
A-Lo único que
recuerdo de ella es verla reír contigo todo el día.
B-Era normal, hija. Éramos
muy felices. Pero no te creas que todo era bonito. Aunque tú no lo sepas, de
vez en cuando teníamos alguna discusión pero siempre que aparecías tú, gateando
o cuando dabas tus primeros pasos, todo se solucionaba.
A-No lo sabía. En las
fotos de casa siempre os veo tan bien...
B-Si, así es. A pesar de todo, ella
tenía una habilidad muy especial para que estuviéramos sonriendo. Cuando yo
estaba triste o enfadado, tu madre se quedaba mirándome fijamente sonriendo sin
parar. Decía que no pararía hasta verme sonreír. Al final yo caía siempre y
acababa sonriéndole. La sonrisa y la mirada de tu madre daban forma a la mejor medicina.
B-¡Qué encanto!
A-No llores, hija...Se
me está viniendo a la cabeza otra habilidad de tu madre. Ella la llamaba "el pincel sonriente". Cuando yo estaba tan triste, que ni su sonrisa podía hacer
nada, se acercaba a mí, ponía su dedo índice en mi boca y lo deslizaba por ella
dibujando una sonrisa. Al terminar su obra, acercaba sus labios a los míos.
¿Así quién está triste?
A-Ay, qué bonito, papá.
¿La echas de menos, verdad?
B-Si, la echo de menos
pero ahora mismo soy muy feliz, ¿sabes?
A-¿Por qué?
B-Tú has heredado
muchas cosas de tu madre. Una de ellas es tu manera de sonreír. Cuando tu madre
enfermó, fui a verla todos los días al hospital. El último día me dijo que
nunca querría verte triste, que yo hiciera todo lo posible para hacerte feliz y
que jamás perdieras la sonrisa. Ella añadió que cada sonrisa tuya significaría
una sonrisa de tu madre allá donde estuviera. La única manera de que ella esté
contigo es siendo feliz. Nunca te dejará sola...ni yo tampoco.
A-Me gusta mucho haber
heredado lo más bonito de mamá.
B-Cuando te pregunten
qué quieres ser de mayor, di que quieres ser pintora de sonrisas.
A-¿Pintora de
sonrisas?
B-Si, puedes ser lo
que quieras: maestra, medico, escritora, abogada... Lo que desees. Pero además,
debes ser pintora de sonrisas a jornada completa los siete días de la semana.
Tu madre nunca se arrepintió y te digo que esa labor la realizas
magistralmente. No tienes que utilizar ningún pincel para pintar, tan solo tu
sonrisa será ese pincel. Y el día que conozcas a la persona más importante de tu vida, no dudes
en utilizar tu "pincel sonriente" en los casos más difíciles porque esa persona te lo
agradecerá eternamente.
A-¿De verdad?
B-No me cabe ninguna duda.
Y si alguna vez dudas de tu trabajo, si alguna vez no confías en ti y no tienes
fuerzas, pídele ayuda a tu madre.
A-¡Pero eso es
imposible, papá!
B-Claro que es
posible, solo tienes que utilizar el medio adecuado. Pon un dedo sobre tus
labios y dibuja una sonrisa. Créeme, sentirás el apoyo de tu madre como siempre
hace conmigo cuando la necesito a mi lado.
A-¡Muchas gracias,
papá! Seré pintora de sonrisas pero será nuestro secreto, ¿vale?
B-De acuerdo, Ainhoa.
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