Volvemos a estar muy lejos. Las voces aciagas del ayer retumban sin control. Recorres estas calles oscuras bañado por un manto fino de agua. Tus sentimientos son los que cortan el rápido devenir de unas gotas tan pesadas. Apenas logras observar más allá de tus pies. Recuerdas las palabras de aquel viejo sabio que decía que el Sol volvería a salir. ¿Cuántas veces has maldecido su nombre?
Tu inocencia ha seguido alimentando tu largo caminar mientras el resto ya ha llegado a un pequeño refugio. Paras en seco, tu cabeza ha dejado de hablarte y ya sabes hacia dónde correr. La tormenta amaina. La lluvia ha detenido su misión.
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