Cuando uno conoce a Ainhoa, lo primero que se le pasa por la cabeza es el deseo de poder volar. Es el simple deseo de sentir cómo los pies se separan de la superficie, y tu cuerpo empieza a elevarse lentamente hacia las nubes. Llega un momento en el que tienes que tomar el control del vuelo. En ese momento notas un cosquilleo en tu interior que te hace entender que no es el momento de descender. Es el momento de que la brisa te acompañe y te haga marchar hacia delante.
Cuando conoces a Ainhoa, cerrar los ojos y volar es fácil, muy fácil.
El problema llega cuando ella echa a correr y solamente puedes esperar a que vuelva.
Hace tiempo que no vuelo. Deseo tanto escribir que la tinta del bolígrafo echa de menos un folio en blanco. Mis alas echan de menos a Ainhoa, mucho.
Querer volar...Saber esperar.
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