Recuerdo que eran las siete de la tarde.
El calor ya no apretaba, pero los rayos de sol seguían deambulando cerca.
Estaba algo cansado porque había sido un largo viaje en coche, así que decidí
aparcar a la orilla de la carretera.
Frente a mi me contemplaba un monte
escarpado, de no muy alta altura, pero que su apariencia denotaba su carácter
casi inaccesible. Aun a día de hoy me pregunto si alguien ha podido subir y
bajar sin problemas.
Pronto escuché las olas del mar azotando
violentamente la costa. Miré hacia allí y vi cómo al fondo se erigían montañas
que también jugaban con el mar. Me pregunté si alguien estaría mirando aquella
capa azul tan embobado, como yo, desde la otra orilla. No había duda, la estampa
era maravillosa.
A mi izquierda se encontraba una torre
de piedra que había vigilado la costa en el pasado. Aun permanecía en pie pero
sin vida en su interior. Años y años habrá vivido; años de tormentas, visitas inesperadas, partidas dolorosas, momentos solitarios…Su apariencia ruinosa puede
que no atraiga, pero en su interior estoy seguro de que quedan recuerdos y
vivencias de personas que nacieron y vivieron como tú y como yo; con anhelos,
con ilusiones, con alegrías, con tristezas…
Cerré los ojos y sentí la brisa marina
llenando de energía todo mi cuerpo. Existen muchas sensaciones pero aquella era una de mis favoritas. Entras en un estado en sintonía con el
romper de las olas…Es la tranquilidad en mayúsculas.
Abrí de nuevo los ojos y me acerqué aun más
a la orilla, donde había un bloque de piedra caliza. Me senté sobre él durante un largo
rato y mi mente viajó hacia lugares del pasado, del presente y fantasías del
futuro.
No sé cuánto tiempo pasé pero diría que
mucho. El descanso concluyó al escuchar la tos de un anciano. Era tal mi estado de tranquilidad, que no me había percatado de que a mi derecha había una pequeña
cala presidida por un anciano solitario sentado en la arena.
Yo- ¿Se encuentra bien?
Anciano- ¿Qué?
Y- Que pregunto si se encuentra bien, señor.
A- Si, muy bien.
Y- ¿Qué hace usted ahí?
A- Recordar, hijo. Es lo único que me queda.
Y- Igual que esa torre, ¿no?
A- ¿Cómo?
Y- Nada…Tonterías mías.
A- Tú…tú también sientes que esa torre almacena recuerdos, ¿verdad?
Y- Si.
El anciano empezó a reír.
A- Ven, siéntate a mi lado. No sientas vergüenza ahora, me caes bien. Creo
que me entiendes.
Y- Voy.
Me senté junto a él, imitando su posición y pasamos unos minutos en
silencio sobre la arena pero fue él quien lo cortó.
A- ¿Qué te trae por aquí, muchacho?
Y- Vengo de lejos a visitar a mi madre que vive en Águilas. Está un poco
triste porque hace unos días perdió a su padre.
A- Lo siento… Ay, una madre…Cuídala bien, muchacho. Una madre es alguien muy
importante, es una joya, al igual que un padre. Darían la vida por sus hijos.
Y- ¿Usted tiene hijos?
A- Si, dos. Les he dado todo lo que ha estado en mis manos…Ay, hijo, ojalá
hubiera podido darles más. Me da mucha pena…
Y- Seguro que están orgullosos de tener un padre como usted.
A- Lo único que quiero es que sean felices. Me han dado unos nietos
maravillosos. Son muy listos, ¿sabes? Al más pequeño deberías verlo. Aprende
muy rápido de sus padres y sus primos. Todos llegarán muy lejos.
Y- ¿Y su mujer? ¿Dónde está?
A- Estará haciendo la cena para cuando llegue. Si alguna vez pisas el
pueblo, pásate por mi casa para que te haga un arroz, que lo hace de rechupete.
Eso sí, no te dejes nada en el plato porque entonces la próxima vez te hará
menos o se lo dará a nuestro perro. Que por cierto, cuánto quiero yo a ese
perro…
Y- Estaré encantado.
A- No conocerás nunca una mujer como ella, ya te lo digo yo. Me da pena
haber tenido alguna discusión con ella a lo largo de nuestra vida. Me ha
cuidado muy bien y a mis hijos también. Ella siempre ha tenido una fuerza muy
grande y ha salido para delante.
Y- ¡Vaya, parece que usted tiene una buena familia!
A- Una buena familia no. Ha sido la mejor familia, ya te lo digo yo. Las comidas familiares
siempre eran una fiesta. Me preparaba muchos chistes y bromas para que todos
disfrutaran.
Me sonrió.
Y- ¿Y por qué este sitio para recordar?
A- Pues verás, el recuerdo más lejano que tengo es de venir en bici hasta
la orilla del mar y pasar horas y horas mirándolo, preguntándome que sería de
mí cuando fuera mayor. Pero, como ya te he dicho, con esta familia he superado
las expectativas que tenía de cuando era crío. Y oye, que he tenido buenas profesiones
y todo, y siempre he cumplido.
Y- Le creo, le creo. ¿Quiere que le acerque al pueblo?
A- Gracias, muchacho, pero estoy bien aquí. Me quedaré un rato.
Y- ¿En serio? No tengo problema en llevarle, me pilla de paso.
A- … Hijo mío, si te soy sincero, no sé donde vivo. La cabeza anda un poco
borrosa hoy… Lo último que recuerdo es estar acostado sobre una cama extraña en
una sala blanca, rodeado de gente. Creo que ha pasado ya unos días de eso, pero
no te preocupes, mi familia me encontrará. Ya te he dicho que mi familia vale
mucho y sabrá encontrarme gracias a sus recuerdos.
…
Mi abuelo fue siempre así.
Abrí los ojos en aquella solitaria playa.
El sol ya comenzaba a diluirse en el horizonte. Era hora de marcharse, así que
la brisa marina me despidió con un abrazo, como los de mi abuelo, haciendo
volar lágrimas a su paso.