viernes, 5 de agosto de 2016

Recuerdos estelares



-Me encanta mirar el cielo de noche. Mi abuela me contó que cada estrella representa un recuerdo mío. Puedo pasar horas y horas embobado durante la madrugada, reviviendo mis recuerdos.

-¿En serio? –preguntó incrédula- ¿Recuerdos?

-Si, esa de allí me recuerda a cuando monté en bici por primera vez –dije haciéndome el interesante-, lo cual me lleva a recordar mi primera caída en bici.

Ella esbozó una sonrisa.

-¿Y esa de allí?

-Esa es cuando mi maestra de infantil me castigó por gritar en clase. Con lo bueno que yo era…

Ella sonrió de nuevo mientras yo buscaba una estrella.

La encontré.

-¿Ves aquella estrella que parece tener varios colores?

-Si -contestó, apoyando su cabeza sobre mi hombro. Estábamos solos, sentados en aquel paraje natural oscuro y bello.

-Pues esa es especial. Según mi abuela, muchas estrellas son recuerdos del pasado, pero estrellas como esas son recuerdos que aún están por ocurrir. Cuando ese momento llega, la luz de esa estrella se convierte en blanca.

-Comprendo, señor astrónomo –dijo mirándome fijamente, siguiendo el juego-. ¿Y hay alguna forma de adivinar qué recuerdo será?

Se apartó de mi hombro y asentí con la cabeza.

-Mi abuela me enseñó una técnica ancestral. Necesito cogerte de la mano y concentrarme. La información viene de lejos…Vale, creo que ya lo tengo…Vaya, si te lo cuento tendría que matarte -Sonreí totalmente sonrojado. Mis latidos iban a una velocidad enorme. Estaba llegando el momento…

-¿Ah, si? Yo guardo los secretos muy bien, sobre todo viniendo de una estrella. A ver, señor de las estrellas, cuénteme.

-Bueno, de acuerdo –dije respirando profundamente y seguidamente cerré los ojos-. Veo una noche…hace frío, como hoy…nos veo a los dos, sentados. Un momento, es la noche de hoy  y…si, ajam, si…Nos besamos.

-¿Eso te ha dicho la estrella? –preguntó sorprendida.

El contador de latidos de corazón en ese momento era imposible de descifrar.

-Si, puede que se me haya escapado algún detalle por culpa de la lejanía, pero…

Ella fue la que se lanzó.

Cuando el recuerdo ya se había completado, me quedé mirándola durante un rato. Sus ojos brillaban en la oscuridad al igual que lo hacía su sonrisa.

-¿Qué miras? –me preguntó ella.

-A mi estrella favorita- contesté.

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