martes, 11 de noviembre de 2014

¿Qué he hecho hoy?


A- ¿Me has llamado?
B- Si, te estaba buscando.
A- ¿A mí?
B- Si.
A- ¿Por qué?
B- Porque te olvidaste de esto al salir de casa.
A- Me había olvidado por completo de ese juguete. ¿Cómo se usaba?
B- Si no lo sabes tú, ¿cómo lo voy a saber yo?
A- Es que hoy madrugué muy temprano, justo con la salida del sol, ¿sabe? Y estoy un poco cansado.
B- Si, lo sé. Te vi al despertar. Pero entre el ir y venir a casa, te perdí un poco.
A- La mañana ha sido una locura para mí. ¿Sabes que con cada regreso mío, había aprendido algo?
B- ¿Como qué?
A- A ver, déjame que recuerde...Es tan tarde...
B- Tranquilo, piensa sin prisa. Tenemos tiempo.
A- Recuerdo letras, números, planetas, canciones, cuadros, deportes...
B- Ah, si, algo creo que me comentó alguien el otro día.
A- Fue divertido. Pero han pasado ya tantas y tantas horas, que no recuerdo mucho más.
B- Eso es bueno, parece que ha sido un día muy entretenido para ti.
A- Si, mucho. Una de las cosas más increíbles me ocurrió a la hora del almuerzo.
B- ¿En serio? Cuéntame.
A- Conocí a una chica. Muy guapa, muy divertida, muy cariñosa...Su nombre era Julía.
B- Suena muy bien.
A- Si, la verdad es que si. Ojalá la hubiera podido conocer usted. Cuando era la hora de comer, nos fuimos a la universidad. Ella estudiaba medicina y yo historia. En la comida se notaba ya la pasión por nuestras carreras.
B- ¿Flechazo? ¿Amor a primera vista?
A- Es posible. ¿Usted cree en eso?
B- No lo sé, ya ni recuerdo que se sentía al amar a alguien, pero muchos me lo han mencionado.
A- Bueno, te sigo contando...A la hora del café, llamaron a mi trabajo. Mis padres habían fallecido.
B- Lo siento mucho.
A- Gracias.
B- Si quieres, cuéntame otra cosa de tu día.
A- Mmm... A ver... Ah si, recuerdo que a la hora de la merienda, tuve que dar de comer a mi hijo porque mi mujer me había abandonado. Según ella, necesitaba su tiempo, que debía encontrarse a si misma...o algo así.
B- Lo siento de nuevo.
A- Qué se le va a hacer. A veces los días se tuercen, incluso, a veces, tienen altibajos como el de hoy a la hora de cenar. Mi hijo aún no sabía que carrera escoger. Periodismo o Filología. Sea lo que fuera, para mí era una alegría verle tomar una decisión así. Al final, Periodismo.
B- Todo padre quiere que su hijo encamine su vida sin problemas, ni preocupaciones por delante, ¿no?
A- Así es. A las diez me dijo: "Papá, me marcho". Se ha independizado con su novia y tiene preparado un futuro trabajo. No puedo estar más feliz.
B- Pero, ¿y Julía?
A- Me llamó sobre las diez y media de la noche.
B- ¿Y qué te dijo?
A- Que tenía que verme porque algo le había ocurrido...
B- ¿El qué?
A- De eso me enteré sobre las once. Estaba enferma y quería contarme lo que había descubierto durante su retiro.
B- ¿Qué fue?
A- No se lo puedo decir, señor. Es un secreto. Solo le diré que, a pesar de que se muriera a las once y cuarto, yo la sigo amando.
B- Pero, ¿es un poco triste tu final del día, no?
A- ¡Qué va!
B- Pues yo diría que si.
A- Eso es porque no te he contado lo que me pasó a las once y media.
B- ¿Qué pasó?
A- ¡Vinieron mis nietos a visitarme! Son unas criaturas preciosas. Han devuelto la ternura y la alegría a la familia.
B- Me alegro por ti.
A- Desearía tener la ocasión de presentárselos.
B- Ojalá, si, ojalá. Pero no me dirás que no has tenido un día muy ajetreado.
A- Si, se me ha pasado volando. Pero sin duda, me ha pasado de todo. He aprendido, he llorado, he reído, he amado, he cuidado, he sentido, he sufrido...HE VIVIDO.
B- Nadie podrá negártelo.
A- No, nadie. Por cierto, ¿qué hora tiene?
B- Falta un minuto para las doce de la noche.
A- Vaya, que tarde se ha hecho y yo aquí tan solo...
B- ¿Quieres venirte conmigo esta noche? Así puedes contarme más cosas de tu increíble día.
A- ¿A dónde?
B- No lo sé. Sería cuestión de dejarse llevar.
A- De acuerdo, será un placer seguir contándole cómo viví tan feliz.

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