He decidido cambiar el frió ruso de Moscú por el el tiempo veraniego de Murcia. Si, Pam, estoy en España. Ha sido un viaje muy largo en tren pero si te digo la verdad, me ha servido de mucho. Al haber estado tanto tiempo sola con mis pensamientos mientras miles de paisajes volaban ante mis ojos, me di cuenta de una cosa: eres aún más importante de lo que en las anteriores cartas te había escrito.
Durante mi tiempo en el vagón del tren, recordaba el momento en el que llegué a tu vida. Tu madre me llevaba en sus brazos durante todo el camino hasta tu casa, sin sentir el miedo que yo tenía en mi interior. Los comienzos siempre dan un poco de miedo, no sabía a quién iba a encontrar al entrar por la puerta de la que sería mi casa. Me sentía muy sola, Pam.
Me dejaron junto a ti en tu cuna. Según escuché decir a tu madre, habías nacido unas semanas antes a cuando llegué. Y allí estábamos tú y yo, solas, mientras el silencio se entrecortaba con tu leve respirar. Estabas tan guapa cuando dormías que yo me sentía muy tranquila al verte. Abriste los ojos algo extrañada porque nunca me habías visto. Era una desconocida para ti y apenas me mirabas a los ojos, haciendo que cada día me sintiera peor porque nadie me quería. Deseaba desaparecer de allí.
Pero una noche lluviosa hizo que todo cambiara. En aquella noche temblabas de miedo y no parabas quieta hasta que me abrazaste con tus delicados brazos. Sentí el calor de tus brazos y noté cómo tus pulsaciones se calmaron. Las dos dormimos plácidamente hasta que despertaste. Fue la primera vez que te vi sonreír. Parecía que me agradecías lo que había hecho la noche anterior pero, en realidad, Pam, fuiste tú la que me ayudó. Me enseñaste a sonreír.
No lo notarás pero mientras escribo estas líneas, no dejo de sonreír. Y es imposible evitarlo al estar en lo alto de la torre de la Catedral de Murcia, desde donde estoy viendo toda la ciudad. Ojalá tengas ocasión de visitarla cuando seas mayor porque es preciosa. Si vieras la manera en la que se iluminan las plazas de la ciudad cuando el sol calienta, te sorprendería ver a las gentes de este lugar al llegar a la plaza llamada "La plaza de las flores" Allí te sentirías muy a gusto, ¿sabes por qué? Porque las personas que acuden a este lugar, no dejan de gritar de júbilo ni de sonreír, como siempre haces tú. Ay, es una ciudad tan viva...
Bueno Pam, te tengo que dejar porque aún me queda mucho que disfrutar de esta pequeña ciudad. Me quedaré un tiempo por aquí hasta que decida mi próximo destino. Creo que será Atenas pero como mi mente viajera puede cambiar tan rápido, nunca se sabe que me deparará el mañana.
Un abrazo enorme de tu amiga
Lucy
PD: No dejes de sonreír, por favor.
Se trata de una carta que he escrito para una asignatura de la universidad, basándome en la obra "Kafka y la muñeca viajera", una obra excelente de Jordi Sierra i Fabra. Os invito a que leais el libro porque es muy interesante y emocionante.
Se trata de una carta que he escrito para una asignatura de la universidad, basándome en la obra "Kafka y la muñeca viajera", una obra excelente de Jordi Sierra i Fabra. Os invito a que leais el libro porque es muy interesante y emocionante.
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