viernes, 7 de febrero de 2014

Una vida montañera

Es larga la lista de libros que se abren a lo largo de la vida. El infinito no deja ver el final de la lista. Pero no, con mi libro de artista no me refiero a libros con letras, con imágenes; a esos que podemos encontrar en una biblioteca. Cuando hablo de libros, me refiero a una emoción, un momento o una persona que podemos encontrar a lo largo y ancho de nuestra vida. Todo cuenta y todo nos hace vivir experiencias únicas, como si de un libro escrito por los grandes literarios de la literatura se tratara. Al leer grandes obras, pensamos en el juego magistral que hacen los autores con sus palabras, con sus descripciones y con sus personajes.

Pero esta realidad no queda anclada al mundo literario. En el mundo artístico también podemos sentir el juego de elementos que son creados por el propio artista a partir de su imaginación. Los álgidos pasos de un baile, los grandes paisajes pintados por los pintores más aclamados, el músico que crea las partituras más complejas y a la vez más bellas para nuestros oídos…

Pienso que un libro es un mundo. Un mundo habitado por centenares de elementos que lo conforman. No somos conscientes de que en nuestra vida, a nuestro alrededor, se escribe una historia. Es posible que para algunos sea el destino el que escribe nuestra vida pero me gusta pensar que, a veces, somos como pinceles que pintan sobre un lienzo en blanco. Un lienzo en blanco al que yo llamo vida, que llenamos de musicalidad, de belleza y de alegría, como los artistas más grandes, al rodearnos de personas a las que queremos y que nos acompañan por los pasajes de nuestro lienzo mientras vamos sintiendo emociones que nos brinda esa vida.

Es por eso que logro ver en la vida una sinfonía creada por nuestras notas musicales o pasos que dejamos al caminar, un cuadro donde los colores los ponemos nosotros con las emociones que sentimos, y un baile en el que los movimientos van aumentando de dificultad al igual que cuando vamos pasando de etapas en nuestra vida.

Al ver que toda expresión artística se puede relacionar y encontrar una analogía con la vida, he querido representarla a través de un lienzo en blanco. Pero la vida está llena de altibajos por lo que el lienzo no será representado por el tradicional utilizado por los pintores sino que quedará representado por una montaña en la cual cada pico representará un momento importante en nuestras vidas.

Y como en todo recorrido, quedan unos pasos. Pasos que dejamos sin seguir normas, viviendo libremente, escogiendo y sintiendo todo aquello que deseamos aunque el destino los quiera dejar atrás. A pesar de todas las riquezas que podamos encontrar y alcanzar a lo largo de nuestra vida, el único tesoro que encontraremos a las puertas del último mar son los recuerdos y las emociones vividas junto a las personas que nos han ayudado a dar cada paso. Familiares, amigos, maestros o ídolos se convierten en nuestra fuente de inspiración que, como diría Pablo Picasso, siempre queremos que nos encuentren escribiendo nuestra historia. Que nos encuentren viviendo.

Por tanto, todo lo aprendido en vida queda almacenado en nuestro corazón, en un cofre que quedará enterrado a la orilla del mar rememorando a aquellos antiguos piratas que enterraban sus tesoros en playas paradisíacas. Allí, en la orilla, quedan depositadas las partes de nuestra vida, todo lo que somos y todo lo que hemos aprendido porque, a fin de cuentas, el mejor libro que hemos leído es la vida.

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