Es larga la lista de libros que se abren a lo largo de la vida. El
infinito no deja ver el final de la lista. Pero no, con mi libro de artista no
me refiero a libros con letras, con imágenes; a esos que podemos encontrar en
una biblioteca. Cuando hablo de libros, me refiero a una emoción, un momento o
una persona que podemos encontrar a lo largo y ancho de nuestra vida. Todo
cuenta y todo nos hace vivir experiencias únicas, como si de un libro escrito
por los grandes literarios de la literatura se tratara. Al leer grandes obras,
pensamos en el juego magistral que hacen los autores con sus palabras, con sus
descripciones y con sus personajes.
Pero esta realidad no queda anclada al mundo literario. En el mundo
artístico también podemos sentir el juego de elementos que son creados por el
propio artista a partir de su imaginación. Los álgidos pasos de un baile, los
grandes paisajes pintados por los pintores más aclamados, el músico que crea
las partituras más complejas y a la vez más bellas para nuestros oídos…
Pienso que un libro es un mundo. Un mundo habitado por centenares de elementos
que lo conforman. No somos conscientes de que en nuestra vida, a nuestro
alrededor, se escribe una historia. Es posible que para algunos sea el destino
el que escribe nuestra vida pero me gusta pensar que, a veces, somos como
pinceles que pintan sobre un lienzo en blanco. Un lienzo en blanco al que yo
llamo vida, que llenamos de musicalidad, de belleza y de alegría, como los
artistas más grandes, al rodearnos de personas a las que queremos y que nos
acompañan por los pasajes de nuestro lienzo mientras vamos sintiendo emociones
que nos brinda esa vida.
Es por eso que logro ver en la vida una sinfonía creada por nuestras
notas musicales o pasos que dejamos al caminar, un cuadro donde los colores los
ponemos nosotros con las emociones que sentimos, y un baile en el que los
movimientos van aumentando de dificultad al igual que cuando vamos pasando de
etapas en nuestra vida.
Al ver que toda expresión artística se puede relacionar y encontrar
una analogía con la vida, he querido representarla a través de un lienzo en
blanco. Pero la vida está llena de altibajos por lo que el lienzo no será
representado por el tradicional utilizado por los pintores sino que quedará
representado por una montaña en la cual cada pico representará un momento
importante en nuestras vidas.
Y como en todo recorrido, quedan unos pasos. Pasos que dejamos sin
seguir normas, viviendo libremente, escogiendo y sintiendo todo aquello que
deseamos aunque el destino los quiera dejar atrás. A pesar de todas las
riquezas que podamos encontrar y alcanzar a lo largo de nuestra vida, el único
tesoro que encontraremos a las puertas del último mar son los recuerdos y las
emociones vividas junto a las personas que nos han ayudado a dar cada paso.
Familiares, amigos, maestros o ídolos se convierten en nuestra fuente de
inspiración que, como diría Pablo Picasso, siempre queremos que nos encuentren
escribiendo nuestra historia. Que nos encuentren viviendo.
Por tanto, todo lo aprendido en vida queda almacenado en nuestro
corazón, en un cofre que quedará enterrado a la orilla del mar rememorando a
aquellos antiguos piratas que enterraban sus tesoros en playas paradisíacas.
Allí, en la orilla, quedan depositadas las partes de nuestra vida, todo lo que
somos y todo lo que hemos aprendido porque, a fin de cuentas, el mejor libro
que hemos leído es la vida.
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