Mi móvil comienza a vibrar en la mesa del salón. Ha sido una noche muy complicada y mi espalda está totalmente destrozada tras dormir en el sofá muy pocas horas. Bueno, dormir lo que se dice dormir no he podido. Mi cabeza daba vueltas y vueltas a la discusión de Leire, yo no sabía porqué había sido tan estúpido durante nuestro encuentro.
Me levanto del sofá y apago la alarma del móvil. Son las cuatro de la mañana, hora de empezar mi plan.
Llego a mi despacho. Todo está en silencio, no logro escuchar el respiro de Leire en la habitación contigua. Sólo me acompaña el goteo agresivo de la lluvia que se oye fuera. Me acerco a la ventana y si, está diluviando, pero no hay vuelta atrás, mi plan sigue en pie. Recojo una mochila que tenía guardada en mi armario desde hace meses y escribo una nota para Leire.
Había pensado en este momento desde el día que nos vimos en Murcia por segunda vez, momento en el que empezamos a salir juntos. Recuerdo que tras esa noche, decidí comprar un anillo para ella porque sabía que ella era la única para mí. Cuando se lo enseñé a mis amigos, empezaron a reírse de mí, decían que estaba loco por hacer esa temeridad. Quizá lo estaba un poco...
Supongo que cualquiera que pase una noche con Leire, se volvería loco...loco por ella. Aquella primera noche fue la mejor que he pasado en toda mi vida. No paramos ningún momento de reír, cada segundo con ella pasaba rapidísimo y hablamos como si nos conociéramos de toda la vida, habíamos conectado del todo. Atrás dejamos nuestros nervios en los primeros encuentros y nuestros deseos no correspondidos; los arrojamos por la borda porque nuestro barco deseaba zarpar sin lastre alguno. Ese era mi deseo en ese momento, ese era NUESTRO deseo.
Termino de escribir la nota para Leire y decido entrar a nuestro dormitorio. La lluvia sigue cayendo, aunque mi mente se haya ido al pasado durante un tiempo. Le dejo la nota sobre la mesilla y un billete de cinco euros como siempre hacía cada mañana antes de irme. Leire suele despertarse con cualquier ruido, pero esta noche se nota que tiene un sueño profundo así que me siento en el suelo para escucharle respirar, aún tengo tiempo de sobra.
Las cuatro y media de la mañana, tengo que salir ya. Me inclino hacia ella y le beso en la frente, pero repentinamente, ella despierta desorientada.
-¡Lucas! -me dice en voz baja somnolienta.
-Tranquila, ya me voy -le digo mientras me incorporo.
-No, no te vayas, por favor. He soñado contigo...
A veces, Leire tiene sueños extraños en los cuales nos ve sufrir a los dos, lo pasa muy mal de noche al ver imágenes tan nefastas sueños. Me vuelvo hasta ella y le acaricio el pelo.
-Duérmete, Leire. Solo ha sido un sueño. Hasta mañana.
Le sigo acariciando hasta que queda totalmente relajada y acaba cerrando los ojos.
No hay tiempo que perder. Me levanto lentamente y me quedo mirándola una última vez desde la puerta. Creo que no existe mejor imagen que la que estoy viendo ahora mismo...
Busco rápidamente el paraguas, pero no lo encuentro por ninguna parte. No estaba pensado en el plan por lo que tengo que mojarme si o si. Me pongo mi mochila en la espalda y salgo de casa. La lluvia empieza a azotarme con fuerza, razón que hace que empiece a correr sin parar. Las calles están desiertas y algunas incluso a oscuras por culpa de algún apagón, supongo. La verdad es que el sonido de la lluvia sonando sobre el suelo en un tremendo silencio de la calle me encanta. El poder de la naturaleza...
Bueno, sigo mi camino hasta mi destino: la estación. Tras tantas noches paseando por aquí, sé por dónde actuar y cómo actuar. Llego a un andén, habitado por un solo tren. Al habernos mudado a un pueblo tan pequeño de Murcia, no hay error alguno en saber que este tren será el único en partir de aquí por la mañana.
Camino hasta la pared del vagón número tres y me agacho para sacar de la mochila el material que necesito: unos sprays y una linterna. Desde que vi a aquel chico chocar contra nosotros en la estación, se me ocurrió este plan. Enciendo la luz de la linterna y comienzo a pintar. ¡Qué peste! Aunque tampoco me puedo quejar, menos mal que el tren está bajo una enorme marquesina porque si llega a estar al aire libre con este tiempo, no sé que hubiera sido de mí, ni del graffiti.
Termino de pintar lo que quería pero...estoy tan cansado que los ojos se me cierran solos.
...
-¡Lucas, despierta! -me digo en sueños.
Abro los ojos al escuchar un ruido tras el vagón, miro mi reloj: ¡Son las 5:55! Me levanto rápidamente y voy hacia el ruido que había escuchado.
¡No puede ser! Es el chico que chocó con nosotros aquel día, está pintando la pared opuesta a la mía.
-Eh, ¿tú otra vez, miserable? -grita un guardia al chico. La linterna nos alumbra a los dos, pero en el último momento me escondo para que no me vea.
El chico lanza los sprays al suelo y sale corriendo. Tras él sale corriendo el guardia, un poco anciano el pobre pero me sorprende su velocidad...¿Qué estoy pensando? Tengo que dejarme de tonterías y salir corriendo al lado opuesto sin que me vea nadie.
-¡Vamos Lucas! -me digo a mí mismo-, ¡vamos!
Ha dejado de llover al fin y el guardia se ha alejado lo suficiente, ya puedo detenerme, pero al mirar atrás, tropiezo con una de las vías del tren. ¡Me he torcido el tobillo! Calma, no saldrá ningún tren hasta las 6:30, tengo tiempo para levantarme y quitarme de la vía.
No, no puede ser real lo que estoy escuchando. ¡No!
La bocina de un tren se oye a lo lejos, viene muy deprisa.
Me duele demasiado la pierna para poder levantarme...
Continuará...
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