Vagón número tres, fila número seis. Durante los tres años siguientes, estos fueron los números que nos siguieron por todo el mundo. Conseguí un trabajo que me hizo recorrer el planeta entero buscando historias del fútbol, las más inusuales posibles. Un pequeño barrio japones donde los niños se reunían todas las tardes, una tribu del amazonas que sólo conocían el fútbol desde hace un mes, un equipo de directivos que jugaba en Australia cada jueves. Cada historia era aún más apasionante que la anterior y todas esas historias eran contadas gracias a mis viajes en tren junto a ella.
Leire me seguía en cada viaje. No fue muy difícil convencerla, cada lugar que visitábamos era un lugar que aparecería en su libro. Yo siempre le decía que sería un best seller, pero ella simplemente me decía que era un iluso, que cómo era posible que alguien como ella lograra algo así. Además, me contaba que la única razón por la que escribía su historia era por hacer real mi sueño de viajar por todo el mundo viendo el fútbol desde diferentes perspectivas. Ella me seguía con la ilusión de verme feliz porque decía que mi sonrisa de felicidad era lo único que le llenaba en la vida. Sinceramente, yo no sonreía por mi trabajo, había algo mucho más importante por lo que sonreír; perdón, había alguien más importante por lo que sonreír. Yo había tenido la fortuna de haberla visto despertar en el amanecer de París, en el amanecer de Nueva Zelanda, en el amanecer de Brasil y en otros tantos amaneceres. Un amanecer podía ser diferente; lluvioso, soleado, nublado, pero ella hacía que todos los amaneceres fueran igual de especiales, hacía que cada día para mí estuviera bajo control.
-¿Algún día dejarás de darme esos sustos? -me decía siempre que abría los ojos al despertar. La verdad es que tenía que ser algo extraño despertar y ver a alguien embobado viendo cómo duermes.
-Si me lo permites, pienso asustarte siempre -le decía tras darle un beso.
Los meses pasaban rápido. Todo nos iba genial. Madrugábamos, cogíamos el tren y en la ciudad en la que me tocará escribir alguna crónica, ella se separaba e intentaba recopilar la información que necesitaba. Al atardecer, nos encontrábamos en la estación y volvíamos al hotel en el vagón número tres, fila número seis...
Llegó la publicación de su libro "Historias de un tren viajero" y en él contaba la historia de un anciano que tras perder a toda su familia en un accidente, decidió recorrer el mundo en tren para cumplir una promesa de su hijo. En las primeras semanas tras su publicación, fue un éxito internacional. Y es que Leire tenía una cualidad: ser muy extrovertida, encantadora, afectuosa y aventurera. Era un cocktail perfecto para introducirse dentro de un pueblo, conocer sus gentes y descubrir sus costumbres. Durante nuestros viajes, en cada cena me contaba todo lo que había aprendido del lugar y siempre acababa haciendo nuevos amigos y amigas. Había sido capaz de empaparse de tantas tradiciones diferentes y de plasmarlas en su libro, que fue sencillo que en tantos lugares se sintieran identificados en el libro.
Estábamos muy felices y todo nos iba sobre ruedas, pero un día antes de nuestro aniversario, es decir, hoy, han llamado a Leire de la editorial. Le han dado luz verde al libro que desea escribir y esta vez solamente estará centrado en un lugar perdido de África, cuyo nombre no recuerdo. Nos tendremos que alejar durante cinco meses.
Los dos nunca habíamos estado tanto tiempo alejados tras empezar a salir juntos, lo cual ha hecho que llevemos discutiendo todo el día.
-¿Pero cómo es posible que tengas que irte tanto tiempo a África? -pregunto acaloradamente-, ¿estás loca?
-Creí que estarías a mi lado en cada decisión -me dice sollozando-. Es un libro muy importante para mí y necesito ir a muchos lugares, me lo ha dicho Fernando.
-¿Otra vez Fernando? -pregunto totalmente enfadado-. Sale muy a menudo en nuestras conversaciones. Ah, claro, que te ha pedido que te vayas con él los próximos meses porque es muy buen guía...
-¡Serás idiota, Lucas! ¡Él no significa nada para mí! ¿Cuántas veces tengo que decirte que tú eres el único en mi vida?
-Si tan importante soy para ti, no te vayas.
Empiezo a desear que esta discusión se acabe...
-Lo siento, Lucas. No puedo, es mi sueño.
La veo tan mal que mis latidos se calman. No puedo verla así más y todo por ser yo tan egoísta. Ella vino conmigo para que yo cumpliera mi sueño, ¿por qué no podía hacer yo lo mismo?
Me pongo delante de ella, abro mis brazos y le abrazo, pero ella no responde, sus brazos están caídos y sus ojos están perdidos en la oscuridad de la habitación. No siento nada, no me transmite nada.
-Déjame en paz, Lucas -me dice al oído.
Continuará...
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