De vez en cuando suelo tener una pequeña charla con Alberto. Podemos estar los dos hasta altas horas de la madrugada hablando de Ainhoa. Siempre la tiene en mente, que si Ainhoa por allí, que si Ainhoa por acá. Hay momentos en los que es un completo pesado pero Alberto es mi amigo, así que le escucho tranquilamente. Anoche me contó cómo se sentía cuando veía a su chica. Y como siempre, acabó la conversación diciéndome:
-Ojalá pudieras sentir algún día lo que yo siento ahora mismo, viejo amigo.
Estábamos en una litera, él y yo en la misma habitación. Alberto siempre es más rápido que yo y se acuesta en la cama de arriba. A mí me tocó dormir abajo...como siempre. Habíamos quedado con unos amigos para salir a hacer deporte nada más salir el Sol y a nosotros nos tocó en aquella habitación de la casa de Ángel. Llegada la una de la noche decidimos apagar las luces pero teníamos tantos nervios en la cabeza por culpa de la mañana siguiente, que tuvimos que ponernos a hablar si o si.
Tengo la peculiaridad de que me gusta escuchar. Me da igual el tema, solo quiero que me cuenten historias que me permitan conocer a los demás, sin más. Lo mismo me pasa con mi amiga Ainhoa y la verdad es que entiendo a Alberto, es muy divertida y hace que pase el tiempo volando. Se merecen estar juntos, la verdad.
Volviendo a ayer. Nos pusimos a hablar cada uno sin parar hasta que de repente le dije la frase que le hizo ponerse muy serio a mi amigo:
-No me intentes convencer, Alberto. Yo prefiero estar algo más libre. Quiero viajar, quiero vivir aventuras como en aquella película de Indiana Jones que vimos la semana pasada. Quiero ir de aquí a allá, sin parar, dándole sentido al mundo.
Alberto suspiró. Cuando el silencio era largo entre los dos es que mi amigo estaba pensando. Le encanta darle vueltas a la cabeza para contarme una historia. Pero quién iba a decirme que esa historia fuera tan buena...
-Allá es donde van esos ojos. Allá es donde va esa mirada. Allá es donde va tu vida. Cuando digo que tu vida empieza a partir de sus ojos es porque desde la primera vez que ella te brinda su primera mirada, empiezas a ver el sentido de todo lo que está a tu alrededor. Empiezas a entender que los primeros rayos de Sol solo existen para iluminarla en los primeros momentos del despertar.
Tu corazón sabe que su sonrisa es la tan buscada fuente de la eterna juventud que siglos atrás supuso la mayor de las revueltas. Cada sonrisa suya es una gota de la fuente que moja tu piel y te hace volver al principio, al cosquilleo infantil del primer amor. El viento aguarda el momento para hacer correr sus largos cabellos mientras su belleza permanece entre el jugueteo de los ojos perdidos sumergidos en una red perfecta.
Los campos verdes cobran sentido al quedar acostada sobre la hierba. La magia de ese paisaje sirve para tu memoria. Jamás olvidarás esa imagen en la que te pide que te sientes junto a ella en el verde y miráis el vuelo de las nubes blancas sobre el inmenso azul.
Las estrellas en la oscuridad te hacen recordar el número de momentos que aún te quedan por vivir a su lado. Sus brazos sirven para sostenerte en el momento tembloroso del encuentro de labios deseado. Las carreteras no existen para ir a trabajar. Simplemente existen para que recorráis el mundo juntos, sin mirar atrás. Su voz hace que las pulsaciones de tu corazón se calmen en los momentos en los que la luz se apaga. La luna no solo regula las mareas y mantiene el control terrestre, también se encarga de iluminar vuestros cuerpos en la cama de una oscura habitación.
Su mirada hace que todo tenga sentido. Su voz hace que todo tenga sentido. Su sonrisa hace que todo tenga sentido. Su pelo hace que todo tenga sentido. Ella hace que todo tenga sentido. Un todo que haría que hoy desearas besar sus labios.
Alberto se quedó callado. Mi piel de gallina no había parado de cacarear como siempre me decía él en broma. No sabía que decirle. Solo se me ocurrió una cosa, acabar como cuando eramos niños: pelea de almohadas. Pero en ese momento no era consciente de que lo único que quería era ocultar una sensación. La verdad de lo que sentí a partir de sus palabras...ya se lo diré más adelante. Ahora es el momento de coger la bici, que mis amigos me están esperando.
Hasta luego.
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