¿Veinte minutos al lado de ella hasta llegar a su estación? Va a ser una ardua tarea. Menos mal que ya ha dejado de agradecerme que le diera el dinero del ticket, se estaba volviendo un poco pesada. Bueno, va, un poco de tranquilidad, disfrutaré de las vistas.
-Se te ve muy elegante -me dice ella-, ¿a qué te dedicas?
¿Por qué tendrá esa voz tan dulce y dañina para mí?
-Gracias, soy periodista. Trabajo para un periódico de Murcia. Vengo de entrevistar a un famoso jugador de fútbol pero no puedo decir quién es, es una exclusiva.-le cuento a ella con mi tono profesional, algo pedante.
Pero, ¿por qué le contaré estas cosas?
-¿En serio? ¿Tú, periodista? -empieza a reír, lo cual me hace sonreír.
-Si, ¿por qué te sorprende? -pregunto con curiosidad.
-No sé, nunca había hablado con un periodista -me contesta.
Ya está, ya me sale mi vena inmadura y me pongo serio.
-¿Ah, si? -pregunto haciéndome el interesante-, ¿y cómo te los imaginas?
-Mmm, déjame que piense -me dice. Si es que hasta pensando se pone guapa-. Pues más alto, con ojos azules, rubio...
Vaya golpe más bajo, ¿pero qué se cree esta? Vaya boquita tiene para tirar dardos. Un momento, pero si se está riendo. ¡Me la ha metido doblada! Bueno, da igual, voy a seguirle el rollo.
-Creo que has visto muchas películas, Brad Pitt es actor, no periodista...
-Lo sé, es una pena, ¿verdad? -me dice sonriente.
Será mejor que cambie de tema, no estoy seguro de querer saber por qué ha empezado a hablar de mí.
-Antes he oído que tu madre tiene problemas, ¿qué le ocurre?
-No, no le ocurre nada. Era una mentirijilla piadosa. Soy muy patosa y siempre olvido cosas: las llaves de mi casa, el dinero; fíjate si soy tan patosa que una vez me presenté en la calle en pijama -se empieza a reír sola.
Un momento, entonces me la ha vuelto a colar. Como un tonto voy y le doy cinco euros, seré idiota.
-Pero no te preocupes -continua diciendo-, que la próxima vez que nos encontremos, te devolveré los cinco euros. Tengo un nuevo trabajo y empezaré a coger este tren todos los días.
-Es un bonito gesto por tu parte, pero no voy a poder montar en este tren a partir de mañana. Me trasladan la semana que viene a Londres.
¿De verdad? -me pregunta sorprendida.
-Si, la empresa en la que trabajo ha sido vendida y a mí me trasladan a Londres para seguir la liga inglesa de fútbol.
Los dos nos callamos de repente. Ella mira hacia delante pensativa. No sé en qué está pensando, pero me pone nervioso. Ahora parece que coge un trozo de papel de su bolsillo y apunta algo.
-Ten, mi número de teléfono. Llámame cuando estés libre este fin de semana y así te daré los cinco euros. Podemos quedar donde quieras.
Al final va a parecer maja y todo esta chica. Pero no, no debo llamarla. Ahora no es el momento de llamarla y encapricharme, ya bastante mal me lo hizo pasar Andrea, mi antigua novia. Lo mejor será que coja su número y me lo guarde sin más.
-¿No lo vas a mirar? -me dice al ver que me guardo su papel rápidamente-. A ver si te he vuelto a engañar y el papel está en blanco...
-Algo me dice que me fíe de ti -digo sonrojado.
El tren empieza a bajar la velocidad y si no recuerdo mal, esta es su parada, así que por fin toca despedirse.
-Bueno, esta es mi parada...emm -me dice con un gesto dando a entender que le diga mi nombre.
-Lucas, mi nombre es Lucas -le digo casi evitando su mirada, no la quiero mirar más.
-Ha sido un placer, Lucas -me vuelve a decir con una sonrisa amplia-. Mi nombre es Leire, espero tu llamada.
Leire...
Me gusta su nombre, una lástima que no lo volveré a mencionar jamás.
Continuará...en Londres.
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