domingo, 24 de agosto de 2014

Ella viaja en tren V

-Los cinco euros son míos -me dice ella.

Miro hacia delante y ahí está. Camisa de color naranja, unos vaqueros, zapatillas blancas, pelo ondulado, pendientes con perlas, su mirada...No hay duda, es ella y estoy empezando a temblar como un niño viendo una película de terror.

-Hola Lucas -dice alegremente.

-Hola -digo casi sin aliento quitándome los auriculares, no me lo puedo creer, ¿qué hace ella aquí?

-Ha sido una bonita casualidad -dice mientras se acerca por el pasillo del vagón-. Te he visto llegar mientras esperaba al tren y te he escuchado en la taquilla diciendo que ibas a coger el mismo que yo y me he adelantado para dejarte el billete.

-Gracias, no tenías por qué hacerlo.

Mi respiración es intensa, los latidos aumentan y el sudor está empezando a aparecer. Nos damos dos besos, lo cual me rompe por completo al tocar sus mejillas. Estoy totalmente bloqueado y noto que mis palabras van a salir forzadas.

-Como no creo que nadie vaya a sentarse aquí, ¿te importa si me siento a tu lado? -me dice amablemente.

-Si, siéntate aquí -contesto muy frío.

Nos sentamos a la vez. No quiero mirar a sus ojos, no quiero escuchar su voz pero me temo que no tengo más remedio. ¿Qué se dice en estos momentos? No sé si estar en un silencio incomodo puede ser mejor que hablar. Lo mejor será que respire y sobre todo, que sea ella la que hable primero.

-¿Qué tal te va por Londres? -me dice inclinando su cabeza mientras me vuelve a sonreír.

-No tengo razones para quejarme. La vida es muy diferente a la de Murcia. La gente, el tiempo, la comida, pero en el momento que te acostumbras, es coser y cantar.

-¿De verdad? -me pregunta sorprendida-. Yo sólo llevo aquí unos días y me estoy volviendo paranoica. ¡Necesito el calor de España!

Los dos empezamos a reír a carcajadas. Razón no le falta, yo también prefiero España. Comer la tortilla de patatas de mi abuela, poder ir a la playa con mis amigos; son razones de peso para decantarme por la opción de mis raíces. Lo más parecido que he hecho aquí ha sido comer "fish and chips", pero bañarse en la playa es muy difícil. Ha estado lloviendo durante muchos días y el frío es insoportable.

-¿Qué haces aquí? -pregunto sin pensar-. Creo que este tren no te deja en tu casa de Murcia.

-¿Es que has llegado al final del trayecto de este tren? -me pregunta sacándome la lengua-. Con un bono especial se llega a Murcia, ¿no lo sabes?

Volvemos a reír y mis temblores del cuerpo se calman. Quizás sea la primera vez desde que llegué a Inglaterra que logro conectar con alguien, ser yo mismo y que no sea hablando de fútbol.

-No, no lo sabía -le sigo la corriente-. ¿Cómo es posible que no haya conocido ese bono tras varios meses aquí? ¡Qué cabeza la mía!

Me sonríe.

-La verdad es que he venido a visitar a una antigua amiga que vive en Birmingham. La echaba de menos, eramos íntimas amigas, pero desde que se fue de Murcia, nuestra amistad se fue rompiendo. Tras estos días, creo que volveremos a ser grandes amigas.

-Me alegro por ti -sonrío.

-Gracias -me dice emocionada-, pero esta noche vuelvo a España. Saldré desde el aeropuerto de Oxford.

-¡Qué poco tiempo has disfrutado de Inglaterra!

-Si, es una pena, pero mi amiga empezaba los exámenes de la universidad y ya no tengo ninguna razón para quedarme en Inglaterra. -me dice mirando hacia el pasillo del vagón.

Otro silencio incomodo...

-¿Qué tal se encuentra tu madre? -cambio de tema para que se anime.

-Murió.

Perfecto, he escogido el tema menos indicado. Estúpida boca la mía...

-Lo siento mucho -digo al ver como agacha la cabeza.

-¡Es broma, tonto! -me vuelve a sacar la lengua mientras ríe-. ¡Qué fácil es tomarte el pelo!

Empiezo a reír, negando la cabeza por el asombro del control que tiene sobre mí. De repente, nos quedamos en silencio. Solo escuchamos el traqueteo de los vagones sobre las vías y por las ventanas apenas logro ver alguna luz en la oscuridad. La miro de reojo y veo que se pone seria.

-¿Guardaste mi número en tu móvil? -me pregunta.

Si antes pensaba que empezaba a estar a gusto hablando con alguien, ahora es todo lo contrario. El temblor vuelve a mi cuerpo.

-Si, pero no pude llamarte.

-¿Y nada?

Esta pregunta me desconcierta. ¿A qué viene? No lo sé, pero no me gusta su tono.

-No, nada.

-Vale -me dice, dando un pequeño silencio-, me tengo que ir. La próxima estación es la mía.

Se levanta con la misma cara seria y se dispone a recoger su maleta que estaba en el asiento que realmente le correspondía.

-Me alegro de haberte visto de nuevo -me dice con indiferencia-. Adiós, Lucas.

Abre la puerta del vagón...

-¡Oye Lei...!

Pero es demasiado tarde, ha cerrado la puerta. Algo en mi interior quiere salir corriendo tras ella pero mis piernas están bloqueadas, no sé que hacer. Tengo unos pocos segundos para arreglar esto mientras el tren está detenido.

Mi cabeza no para de girar, aparecen en ella miles de palabras que decir y miles de momentos que vivir. No me queda otra, voy a hablar con ella. Me levanto decidido, cojo la mochila y salgo corriendo del vagón, pero al llegar a la puerta de salida, se cierra ante mis narices. Miro a través de la ventana de la puerta y allí está ella sentada en un banco del andén mirándome seriamente. Agacha la cabeza y se marcha sin hacer ningún gesto de agrado.

¿Tan difícil era haberme decidido un segundo antes? Solo un maldito segundo...

Continuará...

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