lunes, 25 de agosto de 2014

Ella viaja en tren VI

-¿La llamaste? -me preguntó mi abuela.

-Si, varias veces.

-¿Y qué te dijo?

-No logré hablar con ella, abuela. Su móvil estaba apagado -contesté.

-Dale unos día, hijo mío. Las mujeres necesitamos nuestro tiempo para pensar.

Aquellas llamadas las hice en noviembre, el mes en el que todo acabó. Recuerdo el consejo de mi abuela: "que le diera unos días porque seguro que me llamaría". Mis amigos tampoco iban desencaminados, todos decían que esperara unos días para volverla a llamar. Así lo hice pero la respuesta a la llamada fue clara: "El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura en estos momentos.

Tras su marcha, todo fue muy complicado. En el trabajo sentía las ganas de llamarla constantemente, pero no lo hice. Como consecuencia de estar siempre desconcentrado, estuve a punto de perder mi trabajo porque siempre tardaba en entregar las crónicas y las entrevistas de los partidos. Mi jefe me dio una oportunidad y decidí olvidarme de ella para centrarme en mi trabajo.

Conseguí mantener el trabajo durante una temporada más, pero no logré olvidarme de ella. No llegaba a entender cómo era posible que por dos días que nos viéramos, yo fuera capaz de sentir tanto. Llegué a tener la sensación de que ella había sido colocada en ese tren de Murcia por una razón del destino, idea que hacia reír a mis amigos.

A pesar de esos "días" que me dijeron tantos y tantos, pasó un año y medio desde aquella despedida (si se puede llamar así) hasta llegar al día de hoy, un día de verano propio de mi tierra murciana. Se nota el calor sólo por lo que se ve a través de la ventana del tren. Seguro que me sentarán muy bien unos días de vacaciones con mis amigos en Cartagena.

El tren se detiene en la estación de Cieza. Unos pasajeros bajan y otros suben, aunque no parecen muchos. La puerta de nuestro vagón se abre y aparece ella riendo. Esta vez no está sola, le sigue un chico que parece un poco más joven que ella.

Me mira fugazmente y su sonrisa se desvanece, ella hace caso omiso de la situación y decide sentarse junto al chico en la primera fila. Si mi cabeza empezaba a estar tranquila antes de entrar a la región, ahora empieza a temblar. A pesar del tiempo pasado, vuelvo a estar igual de nervioso que aquella vez camino de Londres.

He tenido suerte porque al estar tan lejos, apenas puedo oírla, pero la veo mientras hace carantoñas a ese chico, incluso se acerca a él y se queda dormida sobre su hombro...

Ya he visto suficiente, sacaré mis auriculares del bolsillo y me quedaré embobado mirando por la ventana al mismo tiempo que escucho música, como siempre.

Ah, es imposible, no puedo dejar de mirar hacia su asiento entre canción y canción. Sigue aún recostada sobre el hombro de ese chico. Tras la siguiente canción, se reincorpora sobre su asiento porque estamos llegando a Murcia. Recoge sus cosas y sale del vagón, sin mirarme.

Necesito hablar con ella, necesito contarle todo lo que ocurrió y no pienso dejar que pase lo de la última vez, así que decido coger mi mochila y corro sin mirar a mi alrededor, me da igual. Me dan igual incluso mis amigos que me esperan en la estación de Cartagena, estoy seguro de que lo entenderán.

Atravieso la zona de bancos del andén y ya estoy llegando al aparcamiento, seguro que está allí.

-¡Lucas!

Detengo mis piernas y miro hacia atrás. Está sentada en un banco del andén, se ve que al pasar tan rápido, no me he dado cuenta de que ella estaba allí.

-¡Leire!

Continuará...

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