Me gustaría relatar la
crónica de un capitán desorientado que una vez me contó un
cronista. La historia contada parece un cuento de fantasía y parece
que no ocurriera de verdad...¿o si?
La chica no había
comentado nada, no miraba a sus ojos, ni transmitía ninguna emoción
que pudiera ser reconocida por alguien. Si alguien pudiera entender
esa idea o ese hecho, podría actuar de la manera adecuada. No
existía ni un valor positivo ni un deseo que permitiera alcanzar una
meta que, a pesar de tener tantos años, plasmarían en si una gran
sonrisa, una gran alegría que llenaría de una motivación su
cabeza. Pero si uno no se rinde, si uno no deja atrás sus valores y
mantiene en ruta su velero hasta llegar a la isla que tan preciado
tesoro guarda, puede llegar el momento perfecto que detendrá el fin
del mundo y lo dejará iluminar por siempre jamás. Nuestro capitán lo
pensaba día tras día sin descanso.
Sin embargo, llegó un día en el que el viento pegaba demasiado fuerte en la cara y hacía que las telas que hondeaban en el navío se volvieran a liar de manera tormentosa. Las olas golpeaban cada vez con mas fuerza y el capitán cayó rendido de rodillas mientras la lluvia caía sobre su desgastado cuerpo. Habían sido muchos años de penumbras, de esperanza, de alegría, de tristeza. Habían sido muchos años de travesía y las ganas eran mínimas. Parecía que el fin del mundo había llegado. La luz había sido ocultada por las nubes oscuras que habían anochecido aquella cálida mañana. El capitán necesitaba de vuelta aquella luz.
A fin de cuentas, el tesoro seguía en el mismo sitio pero parecía que el mapa que utilizaba había sido maldecido por el mismísimo demonio ¿Por qué seguir aquella ruta, si existían muchas otras? ¿Por qué no prefería cuidar su deteriorado navío, su deteriorado cuerpo? ¿Por qué los sueños dañan tanto a veces?
Había una solución o mas bien una vía de escape y era encontrar un camino que desempeñaba un gran esfuerzo. Un esfuerzo que facilitaba encontrar el mapa que le llevaría hasta tan preciada isla. Para encontrar el mapa, tenia que superarse a si mismo y el capitán debía llevar a todos sus tripulantes hasta lo mas alto.
La cabeza del capitán resonó ampliamente. Las dudas comenzaron a estallar y a fluir como en una cascada. Todo fue porque le vino la idea de que esa isla pudiera estar ocupada y él quería la isla para él y su tripulación. No estaba preparado para ninguna batalla. Nunca había dado el paso para entablar batalla a alguien.
“Duele todo mas de lo que parece. El desgaste hace sufrir cada hueso del cuerpo. Si cada momento de rabia se reluce en la isla es imposible llevar a cabo de ninguna manera nada. Lo único que deseas es llorar y destrozar cada una de tus manos, brazos y resto de miembros. Una tortura nada comparable a lo que se siente cuando ves que la isla se aleja cada vez más y que de nuevo la marea y el viento deteriora el barco sin lugar alguno que me proporcione un cálido cobijo”- pensó el capitán.
Sin embargo, llegó un día en el que el viento pegaba demasiado fuerte en la cara y hacía que las telas que hondeaban en el navío se volvieran a liar de manera tormentosa. Las olas golpeaban cada vez con mas fuerza y el capitán cayó rendido de rodillas mientras la lluvia caía sobre su desgastado cuerpo. Habían sido muchos años de penumbras, de esperanza, de alegría, de tristeza. Habían sido muchos años de travesía y las ganas eran mínimas. Parecía que el fin del mundo había llegado. La luz había sido ocultada por las nubes oscuras que habían anochecido aquella cálida mañana. El capitán necesitaba de vuelta aquella luz.
A fin de cuentas, el tesoro seguía en el mismo sitio pero parecía que el mapa que utilizaba había sido maldecido por el mismísimo demonio ¿Por qué seguir aquella ruta, si existían muchas otras? ¿Por qué no prefería cuidar su deteriorado navío, su deteriorado cuerpo? ¿Por qué los sueños dañan tanto a veces?
Había una solución o mas bien una vía de escape y era encontrar un camino que desempeñaba un gran esfuerzo. Un esfuerzo que facilitaba encontrar el mapa que le llevaría hasta tan preciada isla. Para encontrar el mapa, tenia que superarse a si mismo y el capitán debía llevar a todos sus tripulantes hasta lo mas alto.
La cabeza del capitán resonó ampliamente. Las dudas comenzaron a estallar y a fluir como en una cascada. Todo fue porque le vino la idea de que esa isla pudiera estar ocupada y él quería la isla para él y su tripulación. No estaba preparado para ninguna batalla. Nunca había dado el paso para entablar batalla a alguien.
“Duele todo mas de lo que parece. El desgaste hace sufrir cada hueso del cuerpo. Si cada momento de rabia se reluce en la isla es imposible llevar a cabo de ninguna manera nada. Lo único que deseas es llorar y destrozar cada una de tus manos, brazos y resto de miembros. Una tortura nada comparable a lo que se siente cuando ves que la isla se aleja cada vez más y que de nuevo la marea y el viento deteriora el barco sin lugar alguno que me proporcione un cálido cobijo”- pensó el capitán.
El
cronista guardó silencio. No quiso contarme que seguía ante tal
situación. Mis intentos por descubrir qué ocurrió fueron inútiles.
Aquel hombre solo me enunció una frase: “Algún día conocerás a
ese capitán y te contará el final de su tan exhausta historia. Solo
si lo deseas.” Aquellas palabras tan enigmáticas me dejaron
dubitativo. Ha pasado mucho tiempo y aun no he conocido al capitán.
¿Seguirá entonces el capitán desorientado o será mi corazón el que no desea saber qué ocurrió? El tiempo dirá...
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