sábado, 12 de enero de 2013

La luna creciente

El cuento anterior fue fruto de la inspiración que me transmitió la genial obra de Emigrantes de Shaun Tan. En mi cuento quería transmitir el gran esfuerzo que hay que realizar para levantarse tras un golpe.

Alberto muestra en esta historia el esfuerzo que debe realizar para poder llevar adelante su vida dejando momentáneamente a su familia lejos. Es un momento en el que es fácil rendirse, donde todo se ve negro al no salir las cosas como de verdad se quiere. Parece que el mundo esté perdido pero no es así. Son pequeños baches en la vida donde nosotros podemos aprender y mejorarnos a nosotros mismos sin perder el norte. Quizás cuando tratamos de levantarnos volvemos a caer golpeados una y otra vez. Pero, ¿qué sería de nosotros si la primera vez que nos atrevemos a caminar cuando somos aun bebés y caemos, no nos hubiéramos levantado de nuevo? ¿Y si hubiéramos preferido seguir nuestras vidas en el suelo?

Los bebés y los niños son más listos que nosotros. Vale, es posible que no sea cierto pero permitirme dar cierto dote de inteligencia a ellos que son capaces de levantarse una y otra vez cuando caen, a ellos que brillan en el día a día siendo capaces de estar sonriendo aunque minutos antes estuvieran llorando porque habían perdido su muñeco favorito. Está claro que de pequeños no tenemos las mismas preocupaciones pero admiro cómo los niños son capaces de perseguir sus sueños.

Alberto, ya de adulto, transita trabajando en un lugar nuevo y le cuesta levantar la cabeza pero todos tenemos una razón por la que levantarnos por la mañana y él tiene a su familia. Quizá su deseo no llegará pronto pero sabe que llegará porque así lo desea. Fe y esperanza. Son dos motores que nos hacen impulsarnos cuando el primer rayo de sol aparece en la mañana. También se encuentran en nuestro interior dirigiendo nuestro camino hacia la luz cuando la oscuridad acecha.

Quizás no todos los días sean soleados pero hasta la luna se resiste a ser ocultada por la oscuridad. La luna nos envía con su forma el mensaje de que debemos sonreír a pesar de la llegada de la oscuridad. Aunque muchas veces ese mensaje viene cifrado y debemos verlo inclinando nuestra mirada antes de que la traviesa negrura se enteré y la oculte.

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