Aquel pájaro lejano que brindaba sus vuelos a la luna no piaba esa noche. Su piano, cerrado, había dañado los oídos del anciano que ya no lo escuchaba. La plenitud
concluía, la primavera se marchitaba y el país de los sueños moría con
aquel alegre barco que, antaño, navegó con un sueño por bandera.
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