viernes, 4 de enero de 2013

El club de los corazones vivos


Hay momentos en la vida donde el viaje hacia la cima de la montaña comienza a ser un arduo esfuerzo. El dolor de piernas hace que nos sentemos y tomemos aire ante un paisaje gris en el que las nubes pintan de tristeza tu alrededor. La lluvia empieza a caer y las gotas empiezan a acariciar tu piel pero lamentablemente no hay tiempo para la relajación. La tormenta ha comenzado.

En ese preciso instante, por arte de magia o porque el destino así lo tiene decidido, aparecen grandes corazones portados por el cariño que les nutre. Esos corazones son capaces de ofrecerte calor en la fría tempestad, de resguardarte de la lluvia, de agarrarte del abismo y devolverte al camino, de hacer caminar tus piernas aunque no puedas, de limpiar tu sudor y de ofrecerte comida, e incluso son capaces de darte a conocer nuevos caminos.

Si te encuentras con uno de esos corazones los reconocerás fácilmente. No obstante, yo te ofrezco una pista, querido viajero. La mejor medicina que te pueden aportar es el abrazo. Te pueden abrazar de tres maneras: con sus brazos, con sus sonrisas o con sus palabras. Así que te aconsejo que aproveches esos abrazos porque harán tu camino más llevadero. Esa es la misión oculta de esos corazones. Ese es su cometido en esta vida porque te quieren, porque, a fin de cuentas, los amigos valen más que mil mapas.




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