lunes, 30 de diciembre de 2013

Un año de canciones...

Encontrar canciones que van acompañando nuestro caminar durante un año puede ser fácil. Pero elegir aquellas que marcan un año entre un centenar de canciones, es complicado…


10. Run boy, run.  Me despierto y me levantó de la cama. Es mi primera semana de prácticas en el colegio y las dudas y las ganas van creando mi camino hasta la puerta de mi casa. Me pongo los auriculares, suena esta canción…Adiós dudas, hola ilusión. La hora de disfrutar ha llegado. Corre chico, corre a por esta nueva etapa. 

9. Made of stone. Son muchas las noches en las que la cabeza queda desgastada y el deseo de empezar un nuevo día es nulo. Nervios, estrés, dudas…Son algunos de los elementos que oscurecen aun más la noche. Pero acudes al canto de una canción, una que despierte a tu corazón y le informe de que es el momento de sonreír, que es el momento de dormir para empezar el nuevo día pero esta vez, no con un corazón “hecho de piedra”. 

8. All I want. Es el día de mi cumpleaños pero al abrir los ojos, soy incapaz de darme cuenta de que lo es. Aun no me he quitado las legañas de mis ojos pero suena esta canción en mis oídos y mi cuerpo empieza a temblar. Empiezo a recordar que es un día importante pero simplemente quiero tomármelo con calma. Todo lo que quiero es seguir rodeado de las personas que están a mi lado. Es todo lo que quiero. 

7. Oblivion. Los cambios brindan una sensación extraña a veces. Te sobrecogen y te dejan volando en el vacío hasta el momento en el que el cambio es un hecho. Vas volando como los superhéroes de la infancia, surcando las imponentes nubes del ancho cielo. Mientras vuelas, escuchas esta canción...y empiezas a “respirar en la luz”.

6. Annapurna. Te pongo en situación. Llevo cuatro horas caminando por el monte, yo solo. Veinte kilómetros en mis piernas y apenas he cruzado mirada con alguien. Solo estamos mi cabeza y yo, mis palabras y mi tranquilidad. Y es que, a pesar del dolor de piernas, “te sigo queriendo”, querida montaña. Toda esta vivencia queda evocada en el momento que escucho esta canción, la alegría de la calma interna en el silencio de las vistas creativas de la naturaleza.


5. Devolverte. La música tiene una magia especial y transmite una sensación de alegría que hace mover mi cuerpo. A veces, cuando nos despertamos, el cansancio aún sigue en pie de guerra y nos dificulta los primeros pasos de la mañana, al igual que lo hace con los pasos de vuelta a casa. Son momentos en los que necesitamos que nos devuelvan las fuerzas y cada canción de Jero Romero, en mi opinión, cumple esa misión. 


4. Just another girl. Si estoy escribiendo estas líneas musicales es gracias al descubrimiento que hice años atrás. Lo que empezó con un “mr. Brightside”, sigue latente hoy con “Just another girl”. Y es que the killers, no es solo “otro” grupo más para mí. Las tardes de biblioteca llenas de trabajos, cogian un color especial con esta canción.

3. Magia y efectos especiales. La primera vez que los escuchas, no puedes dejar de escucharlos, eso es así. Izal tiene ese “algo” que te engancha y hace que cantes en todo momento sus estribillos. Sus letras y su musicalidad me introducen en una atmósfera mágica que convierte mi alrededor en música a través de efectos especiales. Pequeñas salidas a mi lugar secreto del monte eran sinónimo de Izal. Habré pasado este año unas 28 horas por ese continente, ideando pruebas y solucionando errores, gritando eso de “todos de piedra” o simplemente, viendo “aviones” en el cielo, cargados de “sueños lentos”. Que bien que pueda disfrutar de esos pequeños momentos de imaginación, llenos de vida, mucha vida. 

2. Indian Summer. El camino de vuelta a casa montado en el autobús puede ser tedioso, sobre todo tras una larga tarde de clase. El autobús se convierte en un vehículo de pensamientos que son abordados tranquilamente por cada canción que suena en los auriculares. Stereophonics se convirtió en la banda sonora de todos y cada uno de los días de este año. Cada minuto valía para escuchar una de sus canciones e Indian Summer transmitía el ritmo y la calma que necesitaba una vez había tomado asiento en mi vehiculo pensante, ya fuera en primavera o en el “veranillo de San Miguel”. 

1. Tierra. Mi afición por la montaña y todo lo que la envuelve es enorme pero a veces, estoy anclado al día a día que parece un mar de grandes corrientes. Unas corrientes formadas por miedos, por retos y por dudas, muchas dudas, que te llevan al fondo del mar. Tratas de mantener la calma, tratas de equilibrar tus movimientos y llegar a la playa pero parece como si alguien te retuviera los pies. Las ganas que tuve de llegar a la playa fueron inmensas. Simplemente era tocar tierra, sentir el abrazo del mar y apagar una mente cansada. Gracias a esta canción, yo soñé cada día “poder alcanzar la playa”…y lo conseguí. 



Bonus track. All that faces. En pocas palabras…por todos esos rostros que están a mi alrededor. Por todos esos rostros que deseo ver cuando la mañana hace acto de presencia. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Ainhoa

Son muchas las personas que dicen que escribo por ti. Creo que tengo que dejar de engañarte, Ainhoa. Si, tú eres la razón de la existencia de mis cartas. Nunca olvidaré aquella tarde lluviosa de otoño. Tus padres habían muerto y no dejabas que nadie se acercara a tu casa. Estabas tan sumida en el caos y en la oscuridad que no me veías a través de tu ventana, empapado por las gotas que azotaban mi cuerpo de manera agresiva. De vez en cuando corrías la cortina para ver si me había ido pero no, no te iba a dejar sola. Tú me necesitabas como yo te necesitaba a ti. Tú necesitabas que yo iluminara tu interior, que mostrara al mundo lo importante que eras para mi. Yo te necesitaba porque quería desahogarme, necesitaba abandonar el mundo sencillo en el que vivía para ir junto a ti al mejor mundo donde tú, Ainhoa, tú eras la protagonista.

Tras horas, abriste la puerta. No estabas muy segura pero algo en tu interior decía que debía entrar a tu casa, que era el momento de crear un nuevo mundo. Los primeros días fueron un tanto desastrosos porque nuestras diferencias dinamitaban nuestra relación. Pero un día me hiciste creer que estábamos en un mundo de fantasía donde el amor y la magia creaban nuestro camino a un destino sin fin. Ahí empezó nuestro viaje en el que parecía que yo había sido ganador de un enorme premio.

Todo parecía tan genial. Casi todos los días me llamabas y cuando no, lo hacía yo. Eran minutos de oro en los que mis ojos y mis manos ganaban fortunas. Acariciaba tu piel mientras pensaba en las aventuras e historias que aún nos quedaban por recorrer. Incluso llegamos a Florencia, aquella ciudad en la que volvimos a nacer, la ciudad donde me volví a enamorar de ti.

Pero maldita la hora en la que decidiste marchar a Madrid a estudiar medicina. Los días sin ti se hacían eternos. Fue un camino en el que acceder a ti era misión imposible. Nuestras llamadas no me llenaban, aquel mundo al que entrabamos cada vez que nos uníamos quedaba apagado. El Sol se ocultaba rápidamente entre montañas extensas, inalcanzables para nuestras manos. No podía sentir, no podía soñar y lo peor de todo, no podía acariciarte.

Volviste a mí. Creo que aún recuerdas el abrazo que te recibió en el aeropuerto. Estabas conmigo y mi amor hacia ti quedó depositado entre mis brazos. Pero he de confesarte algo. Creo que tu amor por mi se elevó hasta el cielo, un cielo azulado que me permitía volar junto a ti a un planeta creado por nuestra imaginación. Ahora sueño como nunca, siento aquella emoción tierna del día que te conocí y sobre todo, ahora acaricio cada poro de tu piel como el pintor que trata de pintar su mejor obra.

Gracias a ti puedo escribir estas líneas. Gracias por estar junto a mí desde que era niño. Gracias por enseñarme a creer en nuevos mundos. Gracias por enseñarme a escribir.

Por cierto, querido lector, Ainhoa no existe. ¿Quieres saber a quién escribo? Te daré una pista: escribe.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Tú y yo

Te miro en el espejo y no soy capaz de reconocerte. Tu mirada vacía me dice que te quieres ir, que volverías no sabes cuando. Tu boca cerrada muestra tu poco interés por este nuevo camino. Tus oídos no oyen tu voz, la voz de aliento, de ánimo. Tu nariz huele a podrido, como si tus pensamientos y emociones hubieran quedado atrapados en un apestoso pozo. Tus brazos apenas tienen la fuerza para sostener tu piel. Tus piernas han sido fijadas en el suelo como si de cemento se tratara y no eres capaz de dar un paso. Tu cerebro empieza a dejar de soñar y da rienda suelta a pensamientos sobre cómo vivir en esta oscura cueva. Tu corazón me ayuda a verte porque es lo único que ilumina esta cueva.

Y yo voy a ser el encargado de guiarte hasta fuera.

Yo llenaré tus ojos de flores. Yo te mostraré cuadros pintados por el Sol que te harán sonreír. Yo te cantaré canciones para despertar a tus oídos. Yo te llevaré al mar para que su aroma llame a tu olfato. Yo te cogeré la mano para devolver el poder a tus brazos. Yo te enseñaré a correr por anchos campos verdes para que tus piernas vuelvan a volar. Yo te mostraré el cielo estrellado para que tus sueños lleguen a las estrellas. Yo haré de tu corazón mi diario donde escribiré mis alegrías y mis sonrisas a tu lado. 

miércoles, 23 de octubre de 2013

La primera vez que escuchó música. Primera parte

Era un campesino jubilado que vivía con su amada esposa en una pequeña granja con una gran estepa a sus pies. Su mujer respondía al nombre de Estela y pasaba todo el día postrada a una cama que antaño portó a su madre. Una enfermedad terrorífica visitó a Estela hace años y la llevó a un calvario que hasta ese día, aun le acompañaba.

Cierto día, el viejo campesino salió al atardecer con su gran amigo canino Bero. La tristeza pesaba en el lento caminar del que un día fue abuelo. Y es que sus hijos y sus nietos murieron en un incendio que arrasó su casa. Solo Estela y él lograron sobrevivir y desde entonces su amada cayó rendida a los pies de la enferma muerte. Las páginas de su libro comenzaban a escasear, su último capítulo estaba a punto de acabar. Habían sido decenas de semanas en las que colas de doctores rodeaban su casa para poder averiguar el mal de Estela. Todos coincidieron en lo mismo: ella moriría pronto. Solo le quedaba dos días de vida. Pero Estela lo ignoraba, dada la vergüenza que sentía su marido de que sus lágrimas cayeran arrojadas sobre la boca de la anciana.

Al final del camino, el campesino quería encontrar las fuerzas necesarias para poder, al menos, mirar el rostro de su bello amor. Pero solo pudo encontrar una roca de gran tamaño que le permitió sentarse ante un inmenso atardecer. El Sol pintaba el cielo apasionado mientras bandadas de pájaros apremiaban en busca de un refugio que le aguardara de la luz de la luna. Los lobos acechaban una vez la estrella madre ponía punto final al día. Sin embargo, a aquel anciano, que quedó embobado al ver como la mar bailaba ante sus ojos, poco le importaba ya las fieras que pudieran rondar. Pero alguien cortó el silencio:

            -Ven conmigo- dijo aquella voz triste. 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Un descendiente griego

Buenos días viajero

¿Qué sientes en este instante? ¿Qué respiras? No olvidas cada palabra que has acumulado en tu desgastado baúl. Las ideas vienen y van. Tu cabeza es un aeropuerto que espera demasiado al último pasajero pero los aviones no paran de aterrizas y despegar. Simplemente, es el caos.

Anoche te vi acostado en aquel acantilado perdido. Te encanta ver los aviones de papel que siguen volando por el cielo. Ten cuidado cuando quieras alcanzarlos a lomos de tu cometa desecha. Hace tiempo que tus alas fueron quemadas por acercarte tanto al Sol. Ícaro te avisó pero tus oídos solo escuchaban el devenir de naves voladoras errantes. Lo irónico de todo esto es que ahora preguntas a los dioses si el puerto sigue aun a la orilla del mar. Qué sonoras fueron las carcajadas del sabio Zeus. Qué iluso fuiste al encaminarte al monte más olímpico de todos para tan absurda pregunta.

Pero tu especial pasión es obcecarte con algo, siempre tratas de romper un muro con la cabeza de tu pobre Pegaso. Y montado en él fuiste al averno de Hades en busca de la razón de aquella carcajada de tu deidad. Los sabios te gritaban diciendo que el sufrimiento te ayudaría en la búsqueda, que era lo más necesario para ti. ¿De verdad eran sabios? Creo que no.

Pero allí fuiste con tu fiel amigo Pegaso que acariciaba el cielo con sus flamantes alas. La puerta de Hades tan imponente, como siempre, ante ti aunque el lugar exacto de la respuesta fuera desconocido...

PD: Lo olvidaba, querría saber qué haces ahí tan abajo en un lugar tan oscuro y mediocre. Allí no encontrarás tu respuesta. Creo que te llaman desde el exterior pero no sé quién es. Dice que le has estado llamando todos estos años y que viene de Roma.

Un saludo con vergüenza.
Tu corazón.

Págs: 46-49

jueves, 20 de junio de 2013

Lo que he pasado contigo



No logro recordar muy bien cómo te conocí pero vagando por mi memoria me he dado cuenta de que me acompañaste desde el instante en el que abrí la puerta del nuevo mundo. Lo curioso fue que no te asustaste al verme lanzar aquellos gritos tan salvajes.

Te considero mi amiga porque siempre has estado en el momento adecuado. Sí, es cierto que a veces me ha dado vergüenza que me vieran contigo y con tus amigas. Sin embargo, me suelen decir que en ocasiones es bueno que nos veamos, que mires en el interior de mis ojos.

Me has acompañado en momentos de alegría, de tristeza, de melancolía, de risa… En resumen, en todos esas ocasiones en las que tu amistad es necesaria. Pero lo que considero oportuno de nuestra relación es que mantenemos el contacto cuando lo necesitamos porque si estuvieras a mi lado todo el tiempo, sería agotador.

Tienes el don de hacer que la oscuridad se vaya por unos segundos o por mucho más tiempo. Logras que el dolor se disipe e incluso eres capaz de alimentar de alegría todo mi ser. Admito que muchas veces no he captado tu mensaje cuando me llamas tanto. Pero con el paso de los años hemos creado un lazo entre los dos muy fuerte. Ambos seguimos aprendiendo de cada contratiempo y de cada gozo. De eso se trata eso que llaman "vivir", ¿no crees?

Pero, ¿qué quieres que haga? Hay veces que las cadenas no me dejan mover mi cuerpo, y la oscuridad daña mi corazón, el único que puede verte. Te pido, por favor, que no te rindas cuando me veas perdido. Sigo necesitándote como el primer día que te conocí.

Al principio consideraba que tener amigas como tú no sería bueno, que ocultarte sería lo mejor, pero eres mi amiga, y si el destino quiere que nos veamos, no quiero interponerme en su decisión.

Y es que tu presencia lo es todo para mí. Tu tacto tan cálido y a la vez tan suave hace despertar cada poro de mi piel. Cuando acaricias lentamente mi rostro o cuando vienes corriendo al verme mal; son momentos que siempre quedan grabados en mi corazón. Sin embargo, la sensación que más adoro es cuando besas mi boca. Apenas tengo palabras para describir lo que siento en ese instante. Sé que tu piel cristalina la suelo sentir en los momentos de dolor, pero querría compartir más momentos de felicidad contigo.

De acuerdo, voy a dejar de ser tan pesado. Solo quería darte las gracias por acompañarme en los momentos tan duros que hemos pasado juntos y en los que seguro vendrán. Sé que hay muchísimas como tú y que simplemente haces tu trabajo pero quiero que sepas que eres mi lágrima favorita.

lunes, 17 de junio de 2013

Una pesadilla bajo la lluvia

Volvemos a estar muy lejos. Las voces aciagas del ayer retumban sin control. Recorres estas calles oscuras bañado por un manto fino de agua. Tus sentimientos son los que cortan el rápido devenir de unas gotas tan pesadas. Apenas logras observar más allá de tus pies. Recuerdas las palabras de aquel viejo sabio que decía que el Sol volvería a salir. ¿Cuántas veces has maldecido su nombre?

Tu inocencia ha seguido alimentando tu largo caminar mientras el resto ya ha llegado a un pequeño refugio. Paras en seco, tu cabeza ha dejado de hablarte y ya sabes hacia dónde correr. La tormenta amaina. La lluvia ha detenido su misión.

lunes, 20 de mayo de 2013

Juicio perecedero


Giras en torno a una locura repleta de pensamientos y de sentimientos. Estás inmerso en un mundo oscuro y paralizador. Los rayos del Sol hace tiempo dejaron de calentarte con sus cálidos abrazos. Ahora son dañinos. Te preguntas de verdad si ese Sol existió, si el cariño mostrado fue real. Algunos dicen que no, dicen que intenta quemarte y aniquilarte pero eres el único que siente que no es verdad, que en su calor interno hay amor.

Siempre has mirado a la gran estrella con gafas de sol con miedo a que la leyenda sea cierta. Pero también has tenido miedo a querer volar hasta allí. Estás en tierra de nadie y el viaje ha sido agradable y molesto a la vez. Es cierto que cuando el Sol te ha mirado y te ha sentido, has sido muy feliz acompañando a la estrella madre a lugares sin igual donde el tiempo se detenía. Pero muchas de esas veces tu cuerpo desnudo se ha puesto al rojo vivo como si de una mañana veraniega de playa se tratara.

Tienes miedo de nuevo. Tienes miedo a despertar y ver que todo había sido un sueño en el cual has gastado segundos de tu vida viviendo felizmente sin pensar. El Sol pasa ahora por los momentos más álgidos de su actividad y no sabes el por qué de esas tormentas. ¿Te quiere a ti, madre Tierra? ¿Te manda señales para que te cuides y podáis seguir viviendo juntos? ¿O tal vez te odie por tu descuido y quiera destrozar hasta el último de tus bosques?

Querida madre Tierra, conciencia a tus habitantes. No saben lo que hacen. Disfrutan del Sol pero no le agradecen su aporte. La locura llega cuando la noche arrecia. Cuando dejan de ver al Sol y no saben si la quieren o si la odian. Algunos son adictos a su calor pero otros prefieren a la luna cristalina, angelical y resplandeciente. Sé que les envías mensajes mediante catástrofes y enfermedades pero el dolor interno no ayuda. Ayudan las palabras y la toma de decisiones. Te toca mover ficha. Esos habitantes son los encargados de tu cuidado. Tú eres el cuerpo y el corazón. Ellos el cerebro que trabaja sin control. Tu cuerpo, tu corazón y tu cerebro han construido una relación con el Sol de ni contigo ni sin ti hasta que finalmente sólo sea contigo…O sin ti. 

viernes, 3 de mayo de 2013

8

Termina el paso, termina la sentencia, termina la opción. Sigue la locura, la inercia y el libre albedrío. Bravura, una balada, un baile, una borrasca, una batalla inacabada, una bendecida joya azul y una brújula. Opciones de apariencia sin igual que dan forma a un número leal.

jueves, 4 de abril de 2013

La mirada inocente


(...) claro que sí, hay que aprovechar cada momento, cada segundo que seguro te servirá cada instante para aprender.

Yo no te lo voy a negar, pero yo he aprendido a sonreír en todo momento. Recordar la inocencia de los niños es algo mágico y desgraciadamente cuando vamos creciendo nos vamos olvidando de esa inocencia...y de no mirar al mundo con una amplia sonrisa a veces.

lunes, 11 de marzo de 2013

La primera visita

-Famiglia di Alejandra?- dijo la enfermera nada mas salir de la habitación.
La voz de la enfermera italiana resonó a lo largo de todo el pasillo. A través de las ventanas se plantaba una luna llena que acechaba en la madrugada. Una madrugada que Alberto sentía en un asiento con la mente ida. El chico reaccionó al llegar la enfermera hasta él. Asintió con la cabeza y emprendió su lento caminar hasta la habitación de Alejandra.
El silencio de la sala se veía entrecortado por unos pitidos de la máquina que hacía respirar a Alejandra. Su cama se encontraba en el centro de la habitación. Sus ojos cerrados no hacían presagiar nada bueno a Alberto, que caminaba lentamente. Al llegar hasta su chica, cogió su mano y acarició levemente su pelo sin tocar la herida que tenía en la frente. Alberto acercó su cabeza y le dio un beso en lo alto de su cabeza mientras una lágrima caía sobre su boca:
-Recuerdo el día que te conocí. Mi madre nos había dejado a mi padre y a mí pero tu llegada al colegio me hizo renacer. Me sentía muy solo y pensé que no saldría del abismo- dijo Alberto mientras se retiraba de la cama y se dirigía a un gran ventanal.
La luna alumbraba el paisaje que se presentaba ante él. La torre del duomo presidia en lo alto mientras los coches correteaban sin parar debajo de sus pies:
-Pero, ¿sabes qué?- preguntó en alto mirando al horizonte- Tu sonrisa me salvó la vida. Cada día me regalabas una sonrisa o una mirada que atravesaba mi corazón. Y lo que más me gusta es que hasta el día de hoy, sigues atravesándome el corazón y haciéndome sonreír como el primer día.
Alberto se giró y volvió a dirigirse hacia la cama de Alejandra:
-Y ahora te veo yacer aquí mientras la inconsciencia te envuelve sin saber cuando te veré despertar- dijo limpiándose las lágrimas- Por eso te pido una cosa: por favor, no me dejes caer de nuevo. Por favor, vuelve a atravesarme el corazón.
Varios golpes sonaron en la puerta...

domingo, 24 de febrero de 2013

Una joya azul

Muchas veces el mar nos baña tímidamente pero otras tantas lo hace con gran ferocidad. Su rugido es inquebrantable aunque en su interior sentimos el alma de un vasto océano. Me encanta el poder que tiene el mar para alzarme en lo más alto con una amplia sonrisa al sentirme parte de la naturaleza por un momento.

Los rayos del Sol hacen brillar con más belleza el azul haciendo que yo me quedé embobado durante cortas horas mientras las olas suenan como una nana jugando con la arena de la playa, deseando así alargar su horizonte.

Trato de mirar en sus ojos, en el horizonte que se eleva sobre la mar pero no alcanzo a entender lo que siente. Quedo enamorado siempre que ella me recibe con un abrazo marino pero noto un corazón profundo con ganas de dar calor. A veces pienso que cuando las personas no deseamos conocer ese gran corazón, la mar se enfada y empieza a llorar con gran violencia a través de olas.

Siempre recuerdo las veces que, cuando construía un castillo de arena, el oleaje me impedía terminar mi obra y eso que en realidad lo hacía con todo el cariño del mundo. Quién sabe, quizás se pensaba que quería conquistar su preciada arena.

Pero si hay algo que me deja anonadado es la unión perfecta de la luna junto al mar cuando la luna madre pintada de amarillo ilumina la noche y el mar oscuro mientras éste ruge en la soledad al ver que solo le visita la luna. Si la casa de Poseidón supiera que a las personas nos encanta escuchar el sonido de las olas en el aislamiento que realizamos con nuestros pensamientos seguro que sería un lugar más tranquilo.

Es cierto que la naturaleza es imprevisible pero si estamos en constante unión a ella podemos conocerla mucho mejor. Ella se encuentra en este mundo mucho antes que nosotros y conoce muchos conocimientos que nosotros desconocemos. Lo mejor será esbozar una sonrisa cuando respiramos la naturaleza, cuando soñamos con ella, cuando nuestros ojos ven la más bella de las postales posibles que ningún ser humano logrará construir en vida, esas joyas solo están en manos de la madre naturaleza.

sábado, 12 de enero de 2013

La luna creciente

El cuento anterior fue fruto de la inspiración que me transmitió la genial obra de Emigrantes de Shaun Tan. En mi cuento quería transmitir el gran esfuerzo que hay que realizar para levantarse tras un golpe.

Alberto muestra en esta historia el esfuerzo que debe realizar para poder llevar adelante su vida dejando momentáneamente a su familia lejos. Es un momento en el que es fácil rendirse, donde todo se ve negro al no salir las cosas como de verdad se quiere. Parece que el mundo esté perdido pero no es así. Son pequeños baches en la vida donde nosotros podemos aprender y mejorarnos a nosotros mismos sin perder el norte. Quizás cuando tratamos de levantarnos volvemos a caer golpeados una y otra vez. Pero, ¿qué sería de nosotros si la primera vez que nos atrevemos a caminar cuando somos aun bebés y caemos, no nos hubiéramos levantado de nuevo? ¿Y si hubiéramos preferido seguir nuestras vidas en el suelo?

Los bebés y los niños son más listos que nosotros. Vale, es posible que no sea cierto pero permitirme dar cierto dote de inteligencia a ellos que son capaces de levantarse una y otra vez cuando caen, a ellos que brillan en el día a día siendo capaces de estar sonriendo aunque minutos antes estuvieran llorando porque habían perdido su muñeco favorito. Está claro que de pequeños no tenemos las mismas preocupaciones pero admiro cómo los niños son capaces de perseguir sus sueños.

Alberto, ya de adulto, transita trabajando en un lugar nuevo y le cuesta levantar la cabeza pero todos tenemos una razón por la que levantarnos por la mañana y él tiene a su familia. Quizá su deseo no llegará pronto pero sabe que llegará porque así lo desea. Fe y esperanza. Son dos motores que nos hacen impulsarnos cuando el primer rayo de sol aparece en la mañana. También se encuentran en nuestro interior dirigiendo nuestro camino hacia la luz cuando la oscuridad acecha.

Quizás no todos los días sean soleados pero hasta la luna se resiste a ser ocultada por la oscuridad. La luna nos envía con su forma el mensaje de que debemos sonreír a pesar de la llegada de la oscuridad. Aunque muchas veces ese mensaje viene cifrado y debemos verlo inclinando nuestra mirada antes de que la traviesa negrura se enteré y la oculte.

Odisea en busca del regreso de la ilusión

Érase una vez la historia de una familia feliz que vivía en un país lejano. El país estaba lleno de grandes campos verdes con preciosas flores que iluminaban el día a día del pequeño pueblo de Alegría, bañada por una larga costa de agua cristalina Esta familia estaba formada por tres integrantes: un padre llamado Alberto que trabajaba en unas pequeñas tierras cercanas a una casa, una madre llamada Ainoa que era maestra en el colegio del pueblo y una niña de seis años llamada Sara que empezó a ir a la escuela ese año.
La gente del pueblo eran muy buenas personas. Recibían bastante bien a los visitantes con una amplia sonrisa y gran alegría. Quienes iban al pueblo volvían de nuevo para disfrutar de la hospitalidad que allí se vivía. Los niños correteaban por las grandes estepas verdes bañados por los rayos del sol jugando como si no hubiera mañana.
Un día llegó el padre de la familia muy contento a casa:
-Familia, tengo grandes noticias- dijo exultante dejando todos los materiales de trabajo en el salón.
-Cuéntanos- dijo la madre asombrada- ¿Qué ha ocurrido?
-Resulta que han encontrado oro en las grandes canteras de las montañas. Y van a venir del pueblo Avaricia a ayudarnos a sacar el oro. ¡Seremos ricos!
Los tres de la casa lo celebraron por todo lo alto. Llegada la noche llamaron a todos sus vecinos para celebrar la gran noticia. Largas bandejas de comida poblaban parte de la mesa del salón, griteríos de alegría y música sonaban a lo largo de la casa. Era una gran noticia para este pueblo tan humilde y tenían que celebrarlo.
La mañana llegó y una comitiva de grandes dirigentes del pueblo Avaricia apareció ante las puertas del ayuntamiento del pueblo. La gente había preparado un pequeño recibimiento en la plaza del ayuntamiento que ahora era ocupada por toda la multitud. Cánticos sonaban acompañados de grandes aplausos. Del primer coche de la comitiva apareció el alcalde del pueblo.
Tras horas y horas de reunión entre los dos alcaldes de los pueblos salieron al balcón del ayuntamiento y anunciaron que por la noche se comenzaría a extraer el oro. Los vecinos, al escuchar tal noticia, se presentaron voluntarios para llevar a cabo la extracción, entre ellos el padre de nuestra familia protagonista.
Alberto se despidió por la tarde de su mujer e hija y fue hacia las montañas. Para llegar hasta allí tenía que atravesar un pequeño bosque. Había un gran silencio en él. Los pájaros no piaban y las ardillas no saltaban de árbol a árbol. Algo ocurría y Alberto lo sabía.
De repente, un gran sonido se escuchó tras unos árboles. Eran hombres vestidos de soldado, En su brazo llevaban un escudo de la bandera del pueblo de Avaricia:
-¿Está todo preparado para la operación?-dijo en voz baja uno de los soldados.
-Si, mi capitán-contestó el otro soldado- Todo preparado para el saqueo del pueblo.
-Preparad el fuego. Vamos a arrasar el pueblo ahora mismo-mandó por walkie talkie el soldado de mayor rango.
Alberto se quedó atónito al escuchar aquellas palabras y comenzó a correr por el camino que le había llevado hasta allí. Era consciente de que tenía que avisar a todo el pueblo. Pero al llegar, la luna ya se alzaba en lo alto y el pueblo estaba vacío excepto su casa y la de su vecino. Alertó a Ainoa y a Sara y avisaron a su vecina y su hija.
No había tiempo que perder así que cogieron varias reservas de comida y agua y partieron rumbo a la costa, a la casa de los padres de Alberto. El marido de Ainoa tenía la esperanza de que ellos le ayudarían
Llegaron a una pequeña casa pesquera al borde de la costa, escondida por una zona escarpada. A lo lejos se escuchaban grandes bombardeos que procedían del pueblo. Parecía que la conquista de los soldados ya había comenzado:
-¡Papá!-dijo Sara al llegar a la puerta de casa de sus abuelos- ¿Qué ocurre?
-Verás hija, el abuelo nos ha invitado a cenar esta noche- mintió el padre.
-Pero, ¿qué está pasando en el pueblo?- preguntó de nuevo la niña
-Eso son las máquinas de la minería, nada más- contestó el padre al momento de que el abuelo abrió la puerta.
Entraron a aquella casa y se instalaron rápidamente en el salón. Mientras Sara y la hija de la vecina se quedaron jugando en una pequeña habitación, los mayores se quedaron hablando en la cocina:
-No tenemos dinero para poder ir todos a otra ciudad- dijo Alberto.
-Entonces uno de nosotros tendrá que ir a Salvación- dijo el abuelo- Ese pueblo no está muy lejos y quizá alguien pueda conseguir trabajo.
-Vale, iré yo- dijo Alberto con valor- Cogeré la barca de mi tío e iré hasta allí.
-¿Estás seguro hijo?- preguntó la abuela de Alberto- Es un camino largo.
-Estoy totalmente seguro, mama. Solo quiero que cuidéis de mi familia y mis vecinos, nada más. Volveré pronto, cuando consiga el dinero.
A la mañana siguiente, Alberto se despidió de su mujer y su hija, y partió en un pequeño barco en dirección a la ciudad Salvación. El agua estaba en calma pero el viento rápidamente le encaminó. Caído el sol, Alberto desembarcaba en el puerto de Salvación. La noche hacía fúnebre las calles de la ciudad. La neblina ocupaba gran parte de ellas mientras leves luces iluminaban las calles de un color azul blanquecino. El hombre no sabía dónde ir pero pronto encontró un pequeño hostal:
-Disculpe señor recepcionista- dijo Alberto- ¿Tendría alguna habitación libre para mi?
-Solo me queda una habitación-contestó levemente- Aquí tiene la llave.
Alberto tan solo llevaba una pequeña mochila donde llevaba lo fundamental para su supervivencia. Llegó a su habitación y fue directamente a su cama. Solo quería cerrar los ojos e intentar despertarse en otro lugar. Pero ni logró pegar ojo, ni logró estar en otro lugar.
La mañana había llegado. Alberto salió del hostal sabiendo que tenía que encontrar un trabajo porque no le quedaba apenas céntimo alguno. Recorrió todos los puestos de trabajo de la ciudad pero no consiguió ningún trabajo. Los periódicos volaban en manos de una gente que iba de un lugar a otro. Del suelo consiguió recoger Alberto un periódico donde aparecía una noticia triste para él:
El pueblo vecino de Alegría ha sido ocupado por las tropas de Avaricia. El saqueo llevado a cabo la noche anterior ha destrozado parte de las casas de los vecinos alegrianos. No les queda nada a éstos y son obligados a trabajar de sol a sol en las canteras para sacar oro de las minas. Ahora el pueblo es llamado Tristeza. El alcalde ha declarado que….
Alberto dejó de leer. Sus lágrimas deseaban caer pero las evitó. No había tiempo que perder. Debía seguir buscando trabajo hasta el final. Pero no tenía ningún lugar al que ir. La luna ya brillaba en lo alto y las calles se vaciaban. La soledad cayó sobre Alberto como si de una piedra se tratará, tanto que le hizo caer al suelo de rodillas sin saber que hacer.
Una pequeña carreta tirada por un burro se acercaba a lo lejos. Alberto sorprendido, quiso apartarse pero la carreta se detuvo. Un anciano bajó de la carreta y se acercó al pobre Alberto:
-¿Le ocurre algo señor?- preguntó el anciano.
-He perdido todo. No tengo nada que hacer, ni a donde ir- contestó Alberto.
-Suba buen hombre. Le llevaré a mi casa- le pidió a Alberto
Alberto se levantó levemente y se subió a la carreta. El camino fue largo y suntuoso. Llegaron a una pequeña casa situada en lo alto de un acantilado cercano al mar. Las olas rompían bajo sus pies mientras su sonido llegaba a los oídos del adormilado Alberto.
Cuando entraron a la casa, el anciano le ofreció una taza de té y le preguntó qué le ocurría a Alberto. Éste le contó toda la historia desde dónde venía hasta cuál era su intención. El anciano sorprendido, decidió ofrecerle un trabajo cuidando los animales de su pequeña granja. Alberto aceptó y al fin se le esbozó una sonrisa en su rostro y pudo dormir tranquilo.
Bien temprano, a la mañana siguiente el anciano llamó a la puerta de su habitación. Llevaba con él una pequeña paloma:
-Toma. Esta paloma es mágica y cualquier lugar que tu le digas hasta allí irá- dijo amablemente el anciano.
-Muchas gracias, señor- sonrió Alberto- Disculpe, no le he preguntado su nombre.
-Me llamo Fé y la paloma se llama Esperanza, espero que le sea de ayuda.
Alberto cogió un lápiz y papel, y empezó a escribir una nota que sería llevada por la paloma hasta su familia:
Hola familia
Soy Alberto. He llegado hasta la ciudad de Salvación. Me ha recibido un anciano llamado Fe que es muy amable y me ha ofrecido trabajo. En pocas semanas habré recibido el dinero que necesitamos para comenzar de nuevo otra vida en un nuevo pueblo.
Espero que todos estéis bien y que no os haya pasado nada. Pronto os volveré a abrazar.
Un fuerte beso y un abrazo.
PD: esta paloma es mágica. Decidle que llegue hasta mí y llegará.
Fé se volvió a presentar en la habitación y le ordenó a Alberto todo lo que tenía que hacer durante las siguientes semanas. Y las semanas siguieron y todos los días llegaba esperanza con una carta mientras Fé le proporcionaba la comida a Alberto.
Llegó el último día y Alberto llegó a casa con la emoción de ver llegar a su familia. Llegaron todos al atardecer y se unieron en un gran abrazo de sonrisas y risas. Estaban de nuevo juntos y era hora de comenzar una nueva vida. Esa nueva vida la empezarían en la ciudad de Ilusión. Pero a pesar de que dejaron a Fé en su casa, él les visitaba de vez en cuando e incluso Esperanza revoloteaba de vez en cuando en la nueva casa de Alberto a la espera de que fuera requerida de nuevo.


martes, 8 de enero de 2013

La llegada del momento tardío

Aquel pájaro lejano que brindaba sus vuelos a la luna no piaba esa noche. Su piano, cerrado, había dañado los oídos del anciano que ya no lo escuchaba. La plenitud concluía, la primavera se marchitaba y el país de los sueños moría con aquel alegre barco que, antaño, navegó con un sueño por bandera.

lunes, 7 de enero de 2013

Crónica de un capitán desorientado

Me gustaría relatar la crónica de un capitán desorientado que una vez me contó un cronista. La historia contada parece un cuento de fantasía y parece que no ocurriera de verdad...¿o si?

La chica no había comentado nada, no miraba a sus ojos, ni transmitía ninguna emoción que pudiera ser reconocida por alguien. Si alguien pudiera entender esa idea o ese hecho, podría actuar de la manera adecuada. No existía ni un valor positivo ni un deseo que permitiera alcanzar una meta que, a pesar de tener tantos años, plasmarían en si una gran sonrisa, una gran alegría que llenaría de una motivación su cabeza. Pero si uno no se rinde, si uno no deja atrás sus valores y mantiene en ruta su velero hasta llegar a la isla que tan preciado tesoro guarda, puede llegar el momento perfecto que detendrá el fin del mundo y lo dejará iluminar por siempre jamás. Nuestro capitán lo pensaba día tras día sin descanso.

Sin embargo, llegó un día en el que el viento pegaba demasiado fuerte en la cara y hacía que las telas que hondeaban en el navío se volvieran a liar de manera tormentosa. Las olas golpeaban cada vez con mas fuerza y el capitán cayó rendido de rodillas mientras la lluvia caía sobre su desgastado cuerpo. Habían sido muchos años de penumbras, de esperanza, de alegría, de tristeza. Habían sido muchos años de travesía y las ganas eran mínimas. Parecía que el fin del mundo había llegado. La luz había sido ocultada por las nubes oscuras que habían anochecido aquella cálida mañana. El capitán necesitaba de vuelta aquella luz.

A fin de cuentas, el tesoro seguía en el mismo sitio pero parecía que el mapa que utilizaba había sido maldecido por el mismísimo demonio ¿Por qué seguir aquella ruta, si existían muchas otras? ¿Por qué no prefería cuidar su deteriorado navío, su deteriorado cuerpo? ¿Por qué los sueños dañan tanto a veces?

Había una solución o mas bien una vía de escape y era encontrar un camino que desempeñaba un gran esfuerzo. Un esfuerzo que facilitaba encontrar el mapa que le llevaría hasta tan preciada isla. Para encontrar el mapa, tenia que superarse a si mismo y el capitán debía llevar a todos sus tripulantes hasta lo mas alto.

La cabeza del capitán resonó ampliamente. Las dudas comenzaron a estallar y a fluir como en una cascada. Todo fue porque le vino la idea de que esa isla pudiera estar ocupada y él quería la isla para él y su tripulación. No estaba preparado para ninguna batalla. Nunca había dado el paso para entablar batalla a alguien.

“Duele todo mas de lo que parece. El desgaste hace sufrir cada hueso del cuerpo. Si cada momento de rabia se reluce en la isla es imposible llevar a cabo de ninguna manera nada. Lo único que deseas es llorar y destrozar cada una de tus manos, brazos y resto de miembros. Una tortura nada comparable a lo que se siente cuando ves que la isla se aleja cada vez más y que de nuevo la marea y el viento deteriora el barco sin lugar alguno que me proporcione un cálido cobijo”- pensó el capitán.

El cronista guardó silencio. No quiso contarme que seguía ante tal situación. Mis intentos por descubrir qué ocurrió fueron inútiles. Aquel hombre solo me enunció una frase: “Algún día conocerás a ese capitán y te contará el final de su tan exhausta historia. Solo si lo deseas.” Aquellas palabras tan enigmáticas me dejaron dubitativo. Ha pasado mucho tiempo y aun no he conocido al capitán. ¿Seguirá entonces el capitán desorientado o será mi corazón el que no desea saber qué ocurrió? El tiempo dirá...

domingo, 6 de enero de 2013

Carta a un buscador del cielo

¿Qué nos hace vivir? ¿Qué nos hace seguir sin ningún tipo de miedo? Quizá una de las respuestas sea la búsqueda de esa sonrisa que querrías ver al amanecer. Esa sonrisa inocente que te hace ser la persona más vulnerable y feliz del mundo. Tener miedo, estar sumido en una gran oscuridad; son razones que no existen junto a esa sonrisa. Sin olvidar que existen rayos brillantes en forma de ojos que van ofreciendo tu camino del mañana a tu alma y a tu ser.

Son pequeños tesoros que envuelven su cuerpo. Tesoros que no compartirías porque tan solo tú eres capaz de ver esa belleza, esa magia. Aunque no seas una persona que se guie por lo material, seguro que esos tesoros desearías conseguir. ¿Quién quiere dinero, si con esa sonrisa eres feliz? ¿Para que quieres más poder, si sus ojos te vencerán? ¿Para qué ser egoísta, si por ella irías hasta el mismísimo fin del mundo? Es curioso, el camino más complicado para ti es el más fácil para el resto. Pero mantener creciendo tu árbol de tesoros, de felicidad, sería la labor que harías con mayor encanto del mundo. Ay, ansiado trabajo, ¿verdad?.

Y es extraño que ofrezcas hacer esa labor dada la situación del mundo. Decir que harías uno de los trabajos más complicados por tan solo una simple sonrisa, es curioso, ¿no crees? Supongo que tendrás muchas ganas de apartar la oscuridad de tu vida.

Más curioso es ver que en realidad tienes muchas cosas que mucha gente ya quisiera tener. Una familia que te quiere y unos amigos increíbles que a veces me pregunto cómo has sido capaz de encontrar a personas tan grandes e importantes para ti.

Pero está claro, estás exhausto. Ansías demasiado esos temblores por culpa de su mirada, su voz, su sonrisa. Quizás te llamen masoca, quizás te llamen iluso por estar en constante travesía pero, a pesar de todo, sé perfectamente que estás preso dentro de una burbuja de jabón cuyo aroma es su voz.

sábado, 5 de enero de 2013

Las palabras...


Al cabo de un día las personas podemos llegar a decir unas diez mil palabras e incluso dieciséis mil. De entre esas diez mil palabras solemos utilizar unas trescientas palabras diferentes.
Esas palabras son nuestro vehículo transmisor de ideas que dan forma a nuestra realidad pudiendo simbolizar cada momento que vamos viviendo a lo largo de nuestra vida. Esa creación de la realidad es fruto de nuestro desahogo externo emocional y por tanto, como Einstein decía: "Nuestro lenguaje forma nuestras vidas y hechiza nuestro pensamiento” 
Pero ese mundo no solo es nuestro sino también de los demás. Y es que, como enuncia Michel Montaigne, la palabra no es tan solo nuestra sino que también forma parte del que escucha porque a partir de ella se establece una relación.
Dentro de esas palabras quedan ocultas emociones o sentimientos que ofrecen poder a las palabras. Todos sabemos perfectamente que las palabras despiertan emociones en nosotros. Véase la idea de Dale Carnegie de que las personas no somos criaturas de lógica, sino más bien criaturas de emociones.
Existen palabras vacías que no llegan a nadie, en conversaciones sin sentido. También hay palabras con las que podemos ayudar a sonreír a los demás, a que se sientan mejor, a que puedan imaginar o soñar. Pero desgraciadamente tenemos la capacidad de herir a los demás con insultos, burlas, ofensas, etc. En nosotros cae la responsabilidad de usar la palabra como “algodón” o como “arma violenta”.
Pero ¡cuidado!, las palabras no solo dañan y ayudan a los demás. Nuestras propias palabras pueden causar grandes estragos en nosotros mismos, tanto en nuestras emociones como en nuestra personalidad. “No voy a aprobar el examen”, “Que feo soy”, son algunos de los ejemplos que desembocan en que no nos sintamos bien con nosotros mismos y que hacen que nuestras palabras tampoco ayuden a los demás. Confucio ya decía que las buenas personas son aquellas que se fortalecen incesantemente a si mismo, en definitiva, quererse a si mismo.
Somos seres vivos, si. Somos animales, como la cabra, el oso o el mono, si. Pero tenemos habilidades que nos hacen diferentes, especiales. Es el caso de nuestra capacidad de comunicarnos a partir de palabras pero a veces caemos en la trampa de utilizar las palabras de mala manera como una bestia, como un animal.
Podemos decir mucho más con nuestras palabras de lo que creemos. Por ello, creo que como futuros maestros, padres o simplemente personas, debemos enseñar a los demás el poder que tienen las buenas palabras, lo bueno que es embellecer las palabras en una simple conversación entre amigos o incluso en una creación poética. Enseñar, además, que con esas buenas palabras podemos tocar los “botones buenos”, como si de un mando del televisor se tratará, de cada uno de nosotros que simbolizan las emociones, como la felicidad, la alegría, el gozo...
En definitiva, me gustaría enseñar a los demás que las palabras deberían ser sonrisas con tan solo un destinatario: el mundo.

viernes, 4 de enero de 2013

El club de los corazones vivos


Hay momentos en la vida donde el viaje hacia la cima de la montaña comienza a ser un arduo esfuerzo. El dolor de piernas hace que nos sentemos y tomemos aire ante un paisaje gris en el que las nubes pintan de tristeza tu alrededor. La lluvia empieza a caer y las gotas empiezan a acariciar tu piel pero lamentablemente no hay tiempo para la relajación. La tormenta ha comenzado.

En ese preciso instante, por arte de magia o porque el destino así lo tiene decidido, aparecen grandes corazones portados por el cariño que les nutre. Esos corazones son capaces de ofrecerte calor en la fría tempestad, de resguardarte de la lluvia, de agarrarte del abismo y devolverte al camino, de hacer caminar tus piernas aunque no puedas, de limpiar tu sudor y de ofrecerte comida, e incluso son capaces de darte a conocer nuevos caminos.

Si te encuentras con uno de esos corazones los reconocerás fácilmente. No obstante, yo te ofrezco una pista, querido viajero. La mejor medicina que te pueden aportar es el abrazo. Te pueden abrazar de tres maneras: con sus brazos, con sus sonrisas o con sus palabras. Así que te aconsejo que aproveches esos abrazos porque harán tu camino más llevadero. Esa es la misión oculta de esos corazones. Ese es su cometido en esta vida porque te quieren, porque, a fin de cuentas, los amigos valen más que mil mapas.




jueves, 3 de enero de 2013

Quiero contarte algo


Siempre he tenido ganas de escribir. Día tras día intento transmitir una idea en un papel que sirva como estimulo para seguir transitando por mi vida. La verdad es que tengo muchas ideas en mi cabeza sobre qué escribir, pero nunca he encontrado el ánimo necesario. Quisiera poner en práctica mis deseos y mis emociones a la hora de escribir. Tengo especial predilección por la escritura de historias, siendo mi mayor sueño escribir una pequeña heptalogía de la cual ya tengo bastante construida.

Quizá logre escribir centenares de entradas, quizá solo escriba tres, dos o una. No puedo descifrar el qué diré, la verdad. Pero mi intento permanecerá siempre y, aunque tarde, quiero escribir.

Quizá nadie lea ninguna de mis composiciones, es mas, ni siquiera creo que alguien quiera leer estas líneas que escribo en este instante. Me sentiría muy feliz y complacido si una persona o dos leyeran mis posibles entradas. Con eso comprobaría que el poder de las palabras de mi interior puede llegar un poquito más lejos. Si no lo consigo, al menos mi corazón habrá dejado un pequeño grano de arena en esta gran playa en la que colaboran tantas personas cada segundo a través de sus elaborados blogs.

Yo solo trato de pintar mi vida con palabras, palabras que proceden de mi corazón dejando de lado a mi tan tortuosa cabeza.

Una vez leí que lo mejor es hablar si lo que tienes que decir es mejor que el silencio. En este caso pienso que lo mejor es escribir si lo que tienes que transmitir es mejor que el vacío, la nada. Espero que lo que tú puedas leer sea mejor que la nada...